21 de septiembre de 2020

Redécouvrir.

Recién pasé por la puerta de casa. Me quité los zapatos sigilosamente y me aseguré de que la puerta de la habitación estuviera bien cerrada. Entre las sombras me quité el vestido con todo el cuidado que se merecía, total, para dejarlo hecho un burruño en el suelo.  

Tenía una sonrisa perenne un tanto estrafalaria que ante el espejo quería decirme muchas cosas. En cualquier caso, era fruto de la última cena de amigos como visitante, convencida que dentro de unas semanas me ostentaría como local. No deja de ser extraño, hace diez años, por las mismas fechas, volvía a Madrid con una maleta llena de historias y con muchos buenos días: bon jour, good morning, bon día o los cojones te aprieten. Siempre tuve una simpatía peculiar.

Dormí menos de lo deseado. Hacía días que no recordaba lo soñado, es más, tuve la sensación de estar conectada con otro hipocampo, creando un sueño compartido. Onironauta por un día, como Dalí, ensoñador de referencia.

Hacía sol y tomé el café en la terraza, disfrutando de las vistas y de la piel de gallina en los muslos. Aproveché para revisar de nuevo aquellos pequeños tesoros literarios que había encontrado días atrás.

En 2008 ya tenía pasión por las citas ajenas: “Conviértete en lo que eres”, copié de Nietzsche. De Goethe, me quedé con un clásico: “En donde acaba la palabra, empieza la música”, cuanta razón.

De 2005 rescaté Clar de Lluna, mi tributo particular a Debussy, quien siempre rechazó ser impresionista.

Flairava a silenci. Pacient, la nit, suportava el pes de la lluna. De fons, tants gats bressolant la ciutat adormida. El jove compositor no podia aclucar l’ull, amb el llapis a la mà… Debussy. Clar de lluna. Verlaine. Claire de Lune. L’havia imaginat aquell moment màgic; la sortida del sol.

Flairava a cafè. Somiava desperta. El cafeter tenia el local atapeït ple d’onírics amb ulls de gat, bressolats per la lluna.

-Bon dia! – em va desitjar el flautista. Arribava amb un ram de lliris frescos, blancs, tan i tan primaverals. M’esperava la feina, seria un dia atrafegat. La nit de somnis m’havia deixat exhausta, només calia esperar, esperar per dormir de nou i sense voler-ho, tornar a somiar.

Flairava a silenci. L’inconscient em tornava a somniar. Nit. Gats. Sol. Lluna. Debussy.  

https://open.spotify.com/track/6kf7ZCJjEbjZXikivKOsvJ?si=6cifUl5rTHK8Xh2Z7a6KjQ

Por aquella misma época también hice un retrato de París y la bohemia, bueno, de lo bohemia que creía haberme vuelto al pisar por primera vez la ciudad de las luces. Recuerdo deambular por los pasillos del Louvre, como indecisa, saturada, harta de no sé muy bien qué, hasta que paré delante de Arcimboldo, siempre capaz de sacarme una sonrisa. Con 8 años había replicado uno de sus cuadros con ceras, el de la alcachofa en el pecho, ¡qué tío!

Del 99 encontré las que serían mis primeras memorias en el cuaderno de lengua castellana:

1er año. Yo nací el 31 de enero de 1987 a las 06:05AM. Mi madre, cuando estaba de 8 o 9 meses, vio nevar como nunca. Ya ves a una embarazada de 9 meses mientras va a trabajar en coche.

Mi nacimiento fue de maravilla a pesar de que era muy llorona; todo eso me venía por una hernia en la ingle derecha. A los dos meses y un día me operaron y me la quitaron. Odiaba el puré de frutas y hasta los 12 o 15 meses no me lo comí.

Inciso: no, mi nacimiento no fue de maravilla, pero entiendo que, con casi 12 años, todavía no era el momento de saberlo.

2º año. Mi segundo cumpleaños lo celebré con toda la familia. Mi prima más o menos me enseñó a gatear. Con dos años ya sabía decir “papa”, “mama” y “dada”, que significaba abuelo – abuela. Empecé a ir a la guardería, pero solo iba por la mañana porque por la tarde me echaba una siesta.

3r año. Yo en mi tercer año cogí una pulmonía y me quedé en casa más de un mes. Aquel mismo año empecé el colegio donde me lo pasé muy bien. Aquel colegio era de monjas. Mi profesora se llamaba Sor Neus.

[…]

6º año. Aquel año fue genial para mí. A los Reyes de España Don Juan Carlos y Doña Sofía les tuve que entregar un ramo de flores por la inauguración de las nuevas salas del Museo Dalí. Yo y mi compañero salimos en los diarios El País, L’Empordà, El Periódico y también en revistas como Lecturas, Hola y Semana.

[…]

Vale, sí, todos tenemos un pasado más o menos discutible. También Dalí.

Hoy reseguí los pasos que García Lorca hizo al llegar a Figueres, desde la estación, hasta la casa de su amigo, la misma que pisó Buñuel después. En esa misma calle también nacieron otros ilustres, como el inventor del submarino, que no, no fue Isaac Peral.

Reaprendí a que las ciudades hay que verlas, y vivirlas, mirando hacia arriba, donde se esconden los secretos, donde furtivamente, por la noche, sale la luna. Para Balzac, la flânerie era la “gastronomía para los ojos”, siendo así, me atrevería a decir que Dalí era un flâneur de lo onírico.

A veces, los sueños se hacen realidad.

33º año. Celebré mi cumpleaños al sol de invierno, rodeada de los más cercanos. Viví algo parecido al apocalipsis y tuve que reinventarme en soledad. Escribí a diario, como hacía tiempo que no hacía y convertí a los arándanos en buenos compañeros de viaje. Volví a casa, temporal y circunstancialmente. Disfruté del mar y de las estrellas. Redescubrí amistades y reinventé mi vida. Como tantas cosas que he dejado a medias también debo hacerlo con este resumen, que no ha hecho más que empezar.

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