15 de marzo de 2020

Confinamiento: DÍA 2.


Diario del apocalipsis según Santa Paciencia. 4, 8, 15, 16, 23, 42

Sin saber muy bien por qué me desperté antes de tiempo, con el pelo como si hubiera peleado con la almohada y un calcetín perdido. ¿Va a ser verdad que te acostumbras a dormir poco y a madrugar? No way.

Tomé el primer café, dos fresas y un puñado incierto de arándanos. Decidí no hacer zumo, hoy no. Revisé las últimas recomendaciones seriéfilas y encontré la ideal: Drama. Muy acorde con el momento actual (y no lo digo porque tenga que confesar ningún embarazo desconociendo quién es el padre). Cinco episodios de veinte minutos, canallas y sinceros. Y con Ignatius.

Reset.

Segundo café. Tuve un momento de ducha sí, ducha no: todavía no era el momento. El desgaste de adentrarme de nuevo en el polvoroso mundo de Westworld necesitaría una recompensa.

No es una serie fácil, sin duda, pero adoro su rompecabezas constante. Y las preguntas incómodas que se plantean: ¿existe el libre albedrío?

Teniendo en cuenta su significado más literal, representa la libertad del ser humano para hacer lo que le salga de los cojones. Para bien y para mal. Y si eres un tanto determinista como yo, pensarás que todo tiene un condicionamiento previo y al final, lo que te salga de los cojones estará limitado por experiencias o saberes anteriores. Así pues, el libre albedrío quedaría en tan solo una ilusión. Y algo así se dice en el último episodio de la segunda temporada: “Los humanos son algoritmos… lo bastante sofisticados para creer que ellos deciden, que tienen el control, cuando en realidad no son más que…pasajeros”. Una broma cruel, lo llaman.

Y sin duda, así es. Me muero de ganas de salir a la calle, socializar con personas de carne y hueso, tocar, estornudar sin ser mal vista, esto es lo que haría. ¿Puedo hacerlo? Claro. ¿Estaría mal hecho? Totalmente. Y es que lo que pasa a nuestro alrededor, desde hace un par de semanas, ha condicionado mis quehaceres, los de todos.

Uf, Gemma, qué sesuda.

Después de un montón de pensamientos y teorías alocadas sobre papel, me di por premiada,  hasta que acabé el termo de agua caliente y tuve que salir por patas de la ducha, es lo malo.

Comer. Tanta despensa… para nada. Dos vermuts con naranja y se me hizo tarde.

Como era día de podcast largo, y ya bastante que tengo las piernas entumecidas de tanto sofá, monté todos los aparatejos como para hacerlo todo un poco más profesional. Invertí veinte minutos. Sólo.

Tuve tiempo de entrar en Reddit unas cinco veces, acabarme todos los hilos correspondientes a la serie en cuestión, y aun me sobró tiempo para merendar una tostada de pan integral con semillas y pavo. Vamos, una diversión.

Pero una vez puesta en faena, se me olvidó por completo el drama de estar en casa por condicionamiento. Fueron tres horas de revisión, teorías, teorías de las teorías, y todo sin haber salido aun la serie. ¡Frikis!

Y ya con todo, quedan 10 minutos para acabar el día. Probablemente, y debido al uso y abuso del Monster, hoy vaya a dormir tarde, viendo más series con los tobillos hinchados.

36m2, un lugar chiquitín para vivir.

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