Mal nos pese el
otoño va llegando, aunque sea solo de calendario.
No hay árboles
rojizos, ni caen las hojas, ni llueve, ni hace mucho viento. No se cumple
ningún tópico de los típicos dibujos otoñales. La vestimenta madrileña tampoco
amplia mucho los colores durante el año, así que esto, tampoco es una señal.
Creo que uno de los
síntomas que reflejan la llegada de este nuevo tiempo es que no hay tanta gente
en las terrazas, y que va oscureciendo más pronto. Dicen algunos estudios poco
relevantes de internet que el hipersomnio es una característica de la época,
pero miren señores, no es algo que me ocurra desde que vivo en la capital,
puesto que toda la vida me ha encantado dormir y los despertares han sido,
siempre, cosa seria.
Abres los ojos, miras la hora, cinco minutos más, vuelves a cerrarlos, otros cinco minutos, hasta que sin saber muy bien por qué te levantas sobresaltado. Caes en la cuenta que ya ha pasado media semana y que poco queda para que vuelva el domingo.
Y pese a ser una
costumbre extendida en mi entorno, tengo la sensación que va a volver la
llamada moda del vermut, sí, ese grande y delicioso desconocido. Podría autodefinirme como dummie del tema, para que
engañarnos, pero una muy buena amiga ostenta el título de experta descubridora,
así que nunca es tarde para convertirse en aplicada discípula.
La última
expedición fue a Bodegas Casas, sita
en Avenida Ciudad de Barcelona, 23. Cuenta la leyenda que el origen del
establecimiento se remonta a principios de los años 20, cuando un pastor venido
de Soria empezó a trabajar en un ultramarinos y se vino arriba con lo de la
bodega. Por aquel entonces estaba en el corazón de Madrid, en pleno barrio de
La Latina, epicentro de los aperitivos, los domingos de Rastro. Y por alguna
razón que las redes y una servidora desconocemos se mudaron al barrio de
Pacífico, pocos años después de apertura en el centro.
No sé si por
herencia de los ultramarinos o porque no es necesaria una cocina, me decanto
más por la segunda, son especialistas en encurtidos y conservas. Un vermut,
unas aceitunas; otro vermut, banderillas; otro vermut, berenjenas en escabeche;
y así hasta el infinito.
Destacaría del
sitio, más allá del vermut ensifonado, que está fetén, como dicen aquí, los
vasos que lo acompañan, de los de antes, de culo estrecho y boca ancha, con la
cantidad justa para poder repetir y no salir haciendo eses.
No obstante, hemos
aprovisionado la despensa con víveres, o béberes, suficientes para hacer frente
al frío que se acerca, "winter is coming" como dicen algunos.

