18 de enero de 2017

Año nuevo: reflexiones de invierno en Madrid.

Llevamos años escuchando eso de "winter is coming" y sí, finalmente llegó. 

Termómetros bajo cero y una seguidilla de dudas mucho más allá del qué me pongo. 

Los inviernos en Madrid son así, gris feo. Y mira que muchos días luce el sol, pero no, no es suficiente para hacer la fotosíntesis y eliminar todas esas toxicidades. Puede que el empeoramiento del cambio climático ayude, por qué no. 

Especialmente hoy, recordé aquel viaje eterno en autobús, y aquellos caminos despejados cerca del agua. Necesitaba digerir los buñuelos de Semana Santa, y otros absurdos dolores de barriga. 

Estamos en época de rebajas, y pese a que en Primark todo el año están de saldo, conseguir una tranquilidad talla L, cuesta. 




El peso estomacal de las navidades parece haberse desvanecido con los lazos y guirnaldas. Pero hay regalos y regalos, de primera y de segunda. Y no regalos. 

Entre muchas otras cosas tampoco tengo claro de si es necesario seguir deseando feliz año. 

Supongo que no debí portarme demasiado bien, mis peticiones magas no llegaron a tiempo. 

4 de enero de 2017

Carta a los Reyes Magos.

Queridos Reyes Magos,

El año pasado tuvisteis que hacer un doble esfuerzo y leerme el pensamiento, porque se me hizo tarde para mandaros la carta. Este año, todavía estoy a tiempo.

El salón sigue algo desordenado, pero las cosas, poco a poco, vuelven a su cauce o empiezan uno nuevo, ya sabéis que me gustan mucho los libros de aventuras.

No pediré juguetes, que no me caben en casa, y libros, tendría que pediros también tiempo.

Recuerdo una vez, sentada en la taza del váter, recién salida de la ducha, cuando se me ocurrió preguntarle a mi madre si existíais de verdad. Me dijo, ¿tú qué crees? Y sin dudarlo, respondí con el más sincero de mis síes. Meses más tarde lloraba, en el mismo sitio, pensando en cómo la magia se había roto, como aquel vaso de cristal que daba de beber al Tió.

No sé cómo, pero siempre acertabais con los regalos. Me encantó aquella caravana de Chabel. ¡Tenía hasta mini-cajas de cereales en los armarios! Y la isla del tesoro de los clics... con la cadena para entobillar a alguien bajo la cueva. ¡Oh! Y la torre de los monos para subir cocos con las cazuelitas. Aunque de peluches, no tengo demasiados recuerdos, ¡maldita alergia!




Llegué a perdonaros, pero me disgusté mucho aquella vez con tanto carbón. Descubrí que se comía, y estaba hasta bueno, como siempre, tarde.

Sigo yendo tarde, sí, hay cosas que no cambian.

Pero este año sólo quiero una sola cosa, que los instantes sean eternos, y las sonrisas duren siempre. Ah, y que los días sean más largos, y que haga menos frío en invierno. 

Espero que no os sea muy complicado. Por mi parte, intentaré ser más ordenada, y seguiré sintiéndome cómoda con los silencios.

Gemma

PS. Os dejaré galletas en la ventana, para que hagáis un descanso.




Del vaso roto, conservo la cicatriz, al dudar, la miro, y SÍ.