Llevamos años escuchando eso de "winter is coming" y sí, finalmente llegó.
Termómetros bajo cero y una seguidilla de dudas mucho más allá del qué me pongo.
Los inviernos en Madrid son así, gris feo. Y mira que muchos días luce el sol, pero no, no es suficiente para hacer la fotosíntesis y eliminar todas esas toxicidades. Puede que el empeoramiento del cambio climático ayude, por qué no.
Especialmente hoy, recordé aquel viaje eterno en autobús, y aquellos caminos despejados cerca del agua. Necesitaba digerir los buñuelos de Semana Santa, y otros absurdos dolores de barriga.
Estamos en época de rebajas, y pese a que en Primark todo el año están de saldo, conseguir una tranquilidad talla L, cuesta.
El peso estomacal de las navidades parece haberse desvanecido con los lazos y guirnaldas. Pero hay regalos y regalos, de primera y de segunda. Y no regalos.
Entre muchas otras cosas tampoco tengo claro de si es necesario seguir deseando feliz año.
Supongo que no debí portarme demasiado bien, mis peticiones magas no llegaron a tiempo.


