Queridos Reyes
Magos,
El año pasado
tuvisteis que hacer un doble esfuerzo y leerme el pensamiento, porque se me hizo
tarde para mandaros la carta. Este año, todavía estoy a tiempo.
El salón sigue algo
desordenado, pero las cosas, poco a poco, vuelven a su cauce o empiezan uno
nuevo, ya sabéis que me gustan mucho los libros de aventuras.
No pediré juguetes,
que no me caben en casa, y libros, tendría que pediros también tiempo.
Recuerdo una vez,
sentada en la taza del váter, recién salida de la ducha, cuando se me ocurrió
preguntarle a mi madre si existíais de verdad. Me dijo, ¿tú qué crees? Y sin
dudarlo, respondí con el más sincero de mis síes. Meses más tarde lloraba, en
el mismo sitio, pensando en cómo la magia se había roto, como aquel vaso de
cristal que daba de beber al Tió.
No sé cómo, pero
siempre acertabais con los regalos. Me encantó aquella caravana de Chabel. ¡Tenía
hasta mini-cajas de cereales en los armarios! Y la isla del tesoro de los clics...
con la cadena para entobillar a alguien bajo la cueva. ¡Oh! Y la torre de los
monos para subir cocos con las cazuelitas. Aunque de peluches, no tengo
demasiados recuerdos, ¡maldita alergia!
Llegué a
perdonaros, pero me disgusté mucho aquella vez con tanto carbón. Descubrí que
se comía, y estaba hasta bueno, como siempre, tarde.
Sigo yendo tarde,
sí, hay cosas que no cambian.
Pero este año sólo
quiero una sola cosa, que los instantes sean eternos, y las sonrisas duren
siempre. Ah, y que los días sean más largos, y que haga menos frío en invierno.
Espero que no os
sea muy complicado. Por mi parte, intentaré ser más ordenada, y seguiré sintiéndome
cómoda con los silencios.
Gemma
PS. Os dejaré galletas
en la ventana, para que hagáis un descanso.
Del vaso roto,
conservo la cicatriz, al dudar, la miro, y SÍ.


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