Era el 7 de mayo del
2000, pronto hará diecinueve años de ese día de teatro. Hundida en esas butacas
de terciopelo rojo, junto a mis padres, conocí el que sin duda sería y es EL
musical: RENT.
Unos andamios
simulaban ser edificios, balcones, escenarios. No hacía falta mucho, Daniel
Anglès era el primer Mark que conocía. Ya con ello estaba todo.
Sin saber muy bien
por qué, aquella melodía quedó impregnada en mi cerebro y años más tarde resurgiría
de la memoria para convertirse en un leitmotiv. No day but today.
Gracias a RENT sé
cuantos minutos tiene un año y descubrí que strife
era un sinónimo de lucha. Entendí que pase lo que pase, los tuyos siempre van a
estar ahí.
Sin saber muy bien
cómo, llegué a la película de 2005, de Chris Columbus, sí, el padre de los Gremlins
o los Goonies, quien nos había enseñado a Macaulay Culkin sólo en Nueva York y
nos había dirigido hacia La Señora Doubtfire. Curioso pensar en la magia de Jonathan
Larson y Harry Potter como algo tan imposiblemente cercano.
Asalté un par de
videoclubes para tener una versión de la película en cada casa, era como parte
de mí, necesitaba tenerla cerca, a mano, para cuando hiciera falta. Hasta en
una ocasión se la puse a mi prima de pocos años cuando le hacía de canguro, sí,
una película donde aparecen homosexuales, transexuales y donde el principal problema
del Nueva York de los noventa eran las drogas y el SIDA. No sufráis, ella salió
bien y todavía se acuerda.
Hasta en una de las
visitas a la ciudad que nunca duerme, paseando por las calles de Broadway, no
pude resistirme a comprar el libro de partituras adaptadas a piano, por si
algún día…
I’m not alone, dice ese número
de Mark y Roger en la azotea. Es uno de mis puntos débiles, o ese Life Support o el Will I?, que si todavía
no conocéis deberíais estar dejando de leer y poneros a buscarlo. Porque pese a
que todo parezca una mierda, de todo se sale.
Esta semana, hablando
con alguien especial, comentábamos el por qué de las preocupaciones absurdas, la
gilipollez de “los problemas del primer mundo”, cuando hay cosas por las que
verdaderamente vale la pena parar. All
your perfect imperfections.
No puedo mentir,
con RENT lloro, mucho. Es algo así como una sinfonía de emociones, desde el mezzopiano en melancolía al fortissimo canto a la vida, porque así
es como empieza el primer acto de la Bohème[1]
de Puccini, con doble efe, allegro vivace.
Hoy volví al rojo,
bermejo, como el de aquellas butacas de hace tanto tiempo.
'Cause everything is RENT.
[1] Basada en la novela Scènes de la vie de bohème, de Henri
Murger. Historias de jóvenes bohémios en el Barrio Latino de París en 1840.
Jonathan Larson, en 1996, inspiró su
historia y sus personajes en los de la ópera, compartiendo nombres y algunas
profesiones. Hace un buen tributo a ella con La vie bohème, uno de los números corales más reconocidos del
musical.
