31 de mayo de 2022

Pequeña Gran Revolución - Capítulo 27

Tercer trimestre, como en cole. 

Creo que jamás había tenido una sensación tan precisa del paso del tiempo, ni con el primer reloj que me regalaron. El tiempo corre, vuela. Los vestidos cortos, son cada vez más cortos y los pantalones me aprietan cada vez más. Cuento los días para dejar de verme los pies.

Otro síntoma de velocidad es el "mañana escribo" y pasaron casi tres semanas, o ya son cuatro; esto lo atribuyo más a la procrastinación totalmente sujeta a mi persona, no a mi estado. 

Falso. Estoy más dispersa y mucho más cansada. Me sigue horrorizando lavar platos y perder calcetines en la lavadora. Y aquí es cuando entro un poco en pánico: si pierdo mis calcetines de tamaño considerable, ¿no perderé unos diminutos? Y sin pensar en la mudanza inminente, de la última nunca conseguí rescatar un tupper lleno de cubiertos y algunos vestidos negros (puede que tampoco me ayudaran mucho ahora...). Aunque llegados a este momento, deberíamos hablar un poco de mi desorden físico y mental que pocos comprenden. Estoy segura, que los acuarios lideramos alguna clasificación en la materia. 

Escribir siempre me recuerda a cigarrillo, como el café. De hecho, pensé en dejar de escribir con café, pero las palabras parecen no fluir de la misma manera. Así pues, podríamos decir que me acabo de fumar 12 cerezas. En esas ando. 

Y pese a haber admitido que no echaba de menos el alcohol, sí, echo de menos compartir momentos delante de una copa de vino, o quizás dos. Deben de quedar unos 90 días y la posible lactancia. ¡Clinc! El timbre del tabú. Entre muchas otras decisiones también está lactanciamaterna.si o lactanciamaterna.no. Pues la verdad, haré lo posible para que sea, no nos vamos a engañar, pero tampoco dejaré de añadir motivos al insomnio si por lo que sea no funciona. 

También he decidido, y en esto sí que no hay vuelta atrás que no asistiré a las clases pre-parto. A lo largo de mi vida laboral habré asistido a unos 50, y me quedo con la reflexión de una matrona de Vallecas: todo lo que os pueda decir será una aproximación a la realidad, cada parto es un mundo y lo que quiero que hagáis aquí es relajaros. Así que he optado por conectar, o desconectar, con personas apetecibles: microcosmos.  

O a la mejor sólo he recuperado viejas costumbres y por ello quiero compartir este momento. 


 

9 de mayo de 2022

Pequeña Gran Revolución - Capítulo 23.5

Recuerdo la noche que pasé en vela en Fraternitat 46 escribiendo todo lo me pasaba por la cabeza. Acabé escribiendo post-it a mis compañeras de piso y pegándolos en la puerta forrada de escay con una premisa muy clara: no me despertéis.

También en Madrid, cuando descubrí la falsa droga del Nesquik Buenas Noches (esa bomba de azúcar disfrazada de tila).

Y ahora, con un ya sinfín de noches donde aprovecho para ver series pendientes: The Newsreader, Minx, Annika; de temáticas totalmente distintas y probablemente poco proclives al sueño, pero después de una racha de cuatro horas, siempre llega ESE maravilloso momento. Una vejiga demasiado pequeña, o demasiado llena que se hace sentir.

Después de todo, la sorpresa sigue siendo MAYÚSCULA. Como mayúsculo ha sido el crecimiento de la tripa estos últimos días.

La montaña rusa emocional sigue siendo cabeza de cartel y mi paciencia decrece proporcional a mi hinchazón de pies. Nunca me llevé bien con la toxicidad y el negativismo del prójimo y esto se ha acentuado. Tampoco llevo nada bien el tratamiento de inválida ni las excusas a mi favor. Me sigue molestando igual que antes que traten de organizarme la vida y creo que haber suspendido temporalmente el consumo de tabaco no ayuda.

Llevar una personita dentro es, sin duda, lo más bizarro que me ha ocurrido, y haberme enterado TAN tarde entra en el ranking de historias célebres como que un día me casé en Las Vegas. Hecho que me recuerda que estoy descasada y que me demandaron por no dar hijos, pues ¡toma!

Dejando de lado los vómitos emocionales… llevar una personita dentro es, sin duda, lo más bonito que me ha ocurrido. Ese momento de conexión absoluta. Ese momento que perdona todos los malos ratos del día. ESE momento.

Y también ESE momento de tratar de poner todas las emociones en palabras y compartirlas con la otra mitad que a veces está lejos, lejos-cerca.

Y también ESTE momento el de escribir por placer, por tratar de entender algo mejor todo esto en la segunda lectura. Llegar a la cama despojada de tensiones absurdas y miedos invisibles, pudiendo hacer un nuevo ciclo de cuatro horas antes de ESE otro maravilloso momento.

5 de mayo de 2022

Pequeña Gran Revolución - Capítulo 23.1

Escribir es como el hambre, una necesidad volátil.

Han pasado 542 días des de la última publicación y tampoco ha llovido tanto. Le realidad de una pandemia sigue coleando y quisieron añadirle una guerra, por si no hubiera sido suficiente. Las horas de sol siguen estables y el dichoso cambio horario, no podemos decir lo mismo de la factura de la luz: cuadriplicada.

Sigo calzando un 37,5, a diferencia de la nariz y las orejas, parece que los pies no crecen. Tengo dos tatuajes más y dejé definitivamente de morderme las uñas. Sigo con el termostato corporal atrofiado y me sigue encantando el café.

Dos mil veintiuno lo definiría como la curva de una función, aunque no sé muy bien si sería logarítmica o exponencial, teniendo en cuenta que venía de un veinte-veinte sinusoidal. Era el momento de empezar una vida pensada en el AQUÍ.

La casualidad (o no) y los quesos me llevaron a conocer a alguien; las barreras idiomáticas nunca resultaron un inconveniente y empecé a descubrir rincones maravillosos del país vecino. También tuve tiempo para darme cuenta de que la distancia, para algunos, sí importa y tuvieron que seguir su camino, como sigo el mío.

También me di tiempo para emocionarme con los cielos, con las amapolas en primavera y los racimos enverados de finales de agosto; esas futilezas que pasan desapercibidas en el bullicio de la Gran Vía.

Sin darme cuenta habían pasado los 365 días de otro año impar. Me había mudado, el tamaño del coche se había multiplicado y ahora en casa crecían milagrosamente dos plantas, por primera vez tenía un sofá en propiedad y podía tomar el café con un rayo de sol molesto en la cara. Esta vez, en la mesa de fin de año éramos uno más.

Nunca hubiera pensado que la vida aquí también pasara así de rápido.

Dum vivimus, vivamus. Intensamente.

Y seguramente de esa intensidad nazcan estas letras, porque sin querer me olvidé de pensarme y de vivirme. Empecé el año terriblemente cansada, con cambios de humor que trascendían. El mundo, él y yo, parecíamos girar a velocidades distintas y por momentos me sentía como ese extraterrestre en el cruce entre Passeig de Gracia y la Diagonal, tratando de entender cuáles eran las reglas del juego.

Como decían Lori Meyers, “siempre brilla el sol” y de todo sale. Pero en lo que podría parecer la calma antes de la tempestad, un giro inesperado de guión. El próximo fin de año, seríamos uno más.

Sí, sorpresa. La mía y la suya, y puede que también la otra suya.

Vida normal, vorágine, estrés, chocolate. Pero ahí estaba, ella, TU (que ya me oyes), sigilosa y paciente, como esperando el mejor momento para decir: Bonjour.

Y ahí estaba yo, con lágrimas en los ojos siendo consciente de la nueva realidad. Sonriente y asustada. ¡Sorpresa! Los guiones están para no seguirlos, siempre fui un poco así. Improvisar es crear, y crear es arte, ¿no?

Parece que encontré a los cómplices perfectos para escribir esta historia.