Recuerdo la noche que pasé en vela en Fraternitat 46 escribiendo todo lo me pasaba por la cabeza. Acabé escribiendo post-it a mis compañeras de piso y pegándolos en la puerta forrada de escay con una premisa muy clara: no me despertéis.
También en
Madrid, cuando descubrí la falsa droga del Nesquik Buenas Noches (esa bomba de
azúcar disfrazada de tila).
Y ahora, con un
ya sinfín de noches donde aprovecho para ver series pendientes: The Newsreader,
Minx, Annika; de temáticas totalmente distintas y probablemente poco proclives
al sueño, pero después de una racha de cuatro horas, siempre llega ESE maravilloso momento.
Una vejiga demasiado pequeña, o demasiado llena que se hace sentir.
Después de todo,
la sorpresa sigue siendo MAYÚSCULA. Como mayúsculo ha sido el crecimiento de la
tripa estos últimos días.
La montaña rusa
emocional sigue siendo cabeza de cartel y mi paciencia decrece proporcional a
mi hinchazón de pies. Nunca me llevé bien con la toxicidad y el negativismo del
prójimo y esto se ha acentuado. Tampoco llevo nada bien el tratamiento de
inválida ni las excusas a mi favor. Me sigue molestando igual que antes que
traten de organizarme la vida y creo que haber suspendido temporalmente el
consumo de tabaco no ayuda.
Llevar una
personita dentro es, sin duda, lo más bizarro que me ha ocurrido, y haberme
enterado TAN tarde entra en el ranking de historias célebres como que un
día me casé en Las Vegas. Hecho que me recuerda que estoy descasada y que me
demandaron por no dar hijos, pues ¡toma!
Dejando de lado
los vómitos emocionales… llevar una personita dentro es, sin duda, lo más
bonito que me ha ocurrido. Ese momento de conexión absoluta. Ese momento que
perdona todos los malos ratos del día. ESE momento.
Y también ESE
momento de tratar de poner todas las emociones en palabras y compartirlas con
la otra mitad que a veces está lejos, lejos-cerca.
Y también ESTE
momento el de escribir por placer, por tratar de entender algo mejor todo esto
en la segunda lectura. Llegar a la cama despojada de tensiones absurdas y
miedos invisibles, pudiendo hacer un nuevo ciclo de cuatro horas antes de ESE otro maravilloso momento.

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