5 de octubre de 2020

Diario de la diosa Procrastinación. Día 6 (según cómo se mire).

Día 6.

Madrugar no cuesta si la dicha es buena, o si tienes que ir al dentista.

Ayer hacía frio, cené sopa y decidí no caer en ninguna serie. Fue peor: ideas.ted.com.

Siempre me encantaron las charlas TED, por concisas, motivadoras y realistas. Abrí en el navegador unas 13 pestañas, sólo he leído 3. Una de ellas me venía como anillo al dedo: Quiz: Are you a procrastinator or a pre-crastinator? Podéis imaginaros la respuesta, ¿verdad? Resultado: You are a procrastinator.

Los procrastinadores a menudo sienten que deben ser perezosos, pero los psicólogos encuentran que el problema no es la ética del trabajo; es la regulación de las emociones. Si usted es como el 15-20 por ciento de los procrastinadores crónicos, hágalo para evitar las emociones negativas. Es posible que se sienta aburrido por la monotonía de una tarea, abrumado por la dificultad de un proyecto o ansioso por la calidad del trabajo que producirá. Así que huyes de esas emociones difíciles y te lanzas a otra cosa que es fácil y divertida, como mirar videos de gatos en YouTube ... y luego ver a tu gato mirar esos videos.

Si eres un procrastinador, uno de los mejores antídotos es cambiar tus emociones en torno a la tarea que sigues posponiendo. Reflexione sobre por qué lo está haciendo, lo que puede ayudar a reformular un proceso desagradable para que sirva a un propósito significativo. También puede ser útil recordar que muchas, muchas personas posponen las cosas, incluidos Margaret Atwood, Leonardo da Vinci, Martin Luther King Jr. y Steve Jobs. Sepa que está en buena compañía y deje de castigarse por postergar las cosas. Existe evidencia de que cuando se muestra algo de compasión, se concentrará menos en sus defectos y comenzará a progresar más.

Cierto, siempre trabajo mucho mejor bajo presión y con unos plazos ajustados. Siempre. En el colegio hacia los deberes a última hora. En bachillerato me quedaba en la penumbra estudiando hasta muy tarde; cambiaba y corregía los trabajos infinitas veces antes de imprimirlos, en el último momento. Miento, cambio y corrijo.

Seguramente también sea una procrastinadora emocional, me cuesta horrores decir las cosas, y puede que aquí sí tengan razón los Señores TED, al decir que huyo de las emociones difíciles, o incómodas, o que me causan vértigo. Pero como en cualquier tarea, en el momento en que tomo la decisión, boom, ya está, decidido, hecho y hasta puede que dicho.  

Me pregunto, ¿es la procrastinación una consecuencia de los terriblemente analíticos, que en busca del empirismo necesitan mucho más tiempo de reflexión? Porque si la pregunta no fuera mía, diría, “Señor TED ha dado usted en el clavo”.

Me quedan 10 pestañas por leer. Cuatro cajones del salón para revisar. 

El sábado me desperté con tres bolsas menos de ropa.

Sigo sin encontrar el momento de encajar los libros.

En 62 minutos tengo que estar en el dentista.

38 minutos de perdición. 

2 de octubre de 2020

Diario de la diosa Procrastinación. Día 3 (según cómo se mire).

Con el confinamiento llegaron las Escrituras de Santa Paciencia. De los mismos directores, esta vez, llega a vuestras pantallas, el Diario de la diosa Procrastinación.

Día 3.

3980 días. 568,57 semanas. 130,76 meses. 10,9 años. Este es el tiempo que llevo en Madrid. Habría que descontarle períodos vacacionales, noches fuera de casa, parte de un confinamiento y un verano entero.

Muchas fotos, libros, un Heraldo rojo, un cajón entero de calcetines, montones de ropa negra y muchos recuerdos.

Nunca vivimos pensando en encajar nuestra vida, pero ese día siempre llega y es momento de hacer limpieza, de trastos y de vida. Escribo desde un pequeño rincón del sofá, el que me concedí para momentos como este, con café.

Por si la cosa no estuviera suficientemente apretada, hoy llueve en Madrid. Hoy toca tender dentro. Hoy lavé sábanas. En cualquier otro momento describiría la situación como un puto drama, pero si levanto la vista recorriendo los 360º que me rodean, casi resulta una maravilla ver toda la ropa interior perfectamente alineada.

El viento silva entre las persianas y se nota el frío.

Anoche, antes de fumar el último cigarro a tragos de valeriana, salí a tirar la basura, un hecho totalmente prescindible, a la vez que necesario. La primera luna llena de otoño, la última luna llena en Madrid. Necesitaba de su fuerza, su magia, su paz. Pensé mucho en este verano, en la cantidad de lunas que vi reflejar en el oscuro del mar, especialmente recuerdo una, también llena, esa. Hurgué en las entrañas de internet para preguntarle si esto tenía nombre: selenofilia.

Escucho a Judith Neddermann. Luna. Una y otra vez. Últimamente vivo de canciones que me encuentran. ¿Alguna sugerencia?

Sin darme cuenta, la segunda taza de café ya está a la mitad. Música de sugestión, y a los libros. ¡Qué pena me da encajarlos y dejarlos como arrinconados, sin vida! Os prometo que la siguiente luz que veáis será la del sol de invierno.

5 cajas. 2 bultos indefinidos. 1 maleta de ropa negra. 1 bolsa de zapatos para Wallapop. 

43 minutos de perdición.