6 de septiembre de 2016

Poesía absurda escrita en prosa.

Te levantas con terribles ganas de escribir, llegas al blanco, al vacío, y curiosamente, todo el desorden parece tomar forma. Puede que sin querer haya llegado el momento de hacer balance del verano inacabado.

Sentimientos encontrados, contrapuestos, algunos desconocidos y otros que no tocaban.

La sonrisa estúpida frente al mar, compartir la playa desierta contigo, sentirte libre y liberado, tener ganas de volver a casa, de contártelo.  Echarte de menos, pensarte e idealizarte, construirte.

Ganas de verte en el espejo, de ver como todo ha cambiado. Soñarte. De cómo los meses de locura se vuelven cuerdos. De ponerte música. Cantar. Cantarte. Intentar volver a aquel verde sin llorarte.

Vivir los nortes, tan lejanos, tan próximos y distintos, y bailarlos melena al viento. Esa brisa que enloquece, que evoca sonrisas estúpidas sin sentido.

Poesía absurda escrita en prosa.

Noches interminables de estrellas, y estrelladas. Fugaces. Durmiendo poco, soñando mucho. Intentado escribir las notas del silencio.  

Bebiéndote. Recordándote. Descifrándote. Sintiéndote. Pensándote, luna.

Cervezas y vinos, risas y llantos, besos y abrazos. Cafés infinitos.

Todos. Tan lejos, tan cerca.

De agradecer, a todos ellos que están ahí, en el desván, por rescatarme y estar rescatándome constantemente.  

Por los súperpoderes.



A ti, este yo que a veces necesito descifrar en segunda persona. 

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