Mi
vida es música, mi nombre, una canción.
Calderón
de la Barca lo supo hacer mucho mejor con los sueños, pero hoy quiero intentar poner
en orden esas notas que me cantan, que son parte de mí, y yo no sería sin
ellas.
Madre
siempre me cantaba una canción antes de acostarme, ponía letra a aquella muñeca
azul de pelo rizado y cuerda en la espalda. Bona
nit, bona nit. Creo que sin aquella canción y uno de esos 365 cuentos era
incapaz de cerrar los ojos. Y puede que, a día de hoy, siga siendo pequeña y
necesite de una buena nana para conciliar el sueño. Descubrí que Yann Tiersen,
es uno de mis cazadores de sueños.
A
los tres mosqueteros siempre nos gustó ir sobre ruedas y conocer el pequeño
mundo que nos rodeaba. En el coche, jamás faltaban cintas de cassette, que a destiempo insistía por
cambiar. Recuerdo la banda sonora de Mar
i Cel, un musical que ha tripitido en los escenarios barceloneses a lo
largo de casi treinta años, el mismo que no me cansaba de cantar. Les claus, les claus, doneu-me les claus[1],
coreaban gravemente aquellos pérfidos piratas. No tenía más de cinco años. Eso
ocurría siempre en verano, camino a la playa, camino al mar.
La
jukebox del Orión azul era
incansable. Las bandas sonoras siempre fueron un clásico, Ennio Morricone era
casi un viajero más, y cuando necesitaba un descanso, las campanas tubulares de
Mike Oldfield retumbaban por los altavoces traseros. “Moonlight Shadow” fue la
primera canción en inglés inventado que conseguí cantar de principio a fin.
Tirando
de archivo fotográfico, fue en 1994 cuando robé, o recuerdo haber robado, el
primer cedé a mi tío. ¡Tomatazo! Recuerdo había dos canciones que me tenían
cautivada, ambas eran de dos grandes, pero esto lo descubrí años después. “Un
paso adelante!” la llamaban, de unos alocados Madness (One Step Beyond) y “Mi
agüita amarilla” de los Toreros Muertos, a quien tuve el placer de escuchar en
directo el año pasado en la archiconocida Plaza Mayor, y no precisamente con
una relaxing[2] taza
de café con leche. Esta última me acompañaba largas tardes de domingo jugando a
los clics, y un día, desmontando la
granja lo vi claro, estaban hablando de un pis. ¡De un pis!
Un
año después aparecieron en mi vida Amistades Peligrosas, Cristina del Valle y
Alberto Comesaña pusieron la nota musical de aquel verano en casa de mis
abuelos. “Me haces tanto bien” fue la canción con la que descubrí la tecla de repeat. Después de este punto y seguido,
decidí ir a buscar la letra, y creo que fue suerte no haberle prestado atención
antes.
Durante
todos estos años, convivieron también conmigo grupos tan grandes como Sau,
Sangtraït, Els Pets, Sopa de Cabra, Lax’n’Busto. Con ellos aprendí a apreciar
el rock, el rock en catalán. De todas
las canciones me quedaría con “Boig per tu”, la balada más grande que ha
conocido el mundo, y que ahí donde esté seré capaz de cantar a pulmón. Quan no hi siguis al matí, les llàgrimes es
perdran entre la pluja que caurà a-vui[3].
Creo
que estaría mal dejar de mencionar a The Beatles, o Los Bitels, para los más
tradicionalistas. Aquellos dos discos, uno rojo y otro azul marcarían un punto
de inflexión en mis gustos musicales, pero creo que esto, tampoco lo sabía por
entonces. Me encantaba escuchar la penúltima del azul, “Eleanor Rigby”,
tristísima, por cierto, pero mi inglés no daba todavía para mucho más que el “Yellow
Submarine”.
En
toda esta mezcla musical seguían reinando las bandas sonoras, la de Misión Imposible,
mi favorita. Más allá del trepidante tema de la serie, había una canción que me
tenía loca, “Headphones” de Björk, creo que la llamaba “la canción de la tía
rara”. Y con los avances cibernéticos, más tarde, comprobé que no me equivocaba
tanto. Tenía justamente diez años, y todavía no había visto La Roca.
Creo
que hasta ese momento me dio por robar bastantes más cedés a mi tío, que, para
el caso, pasaban de estar en casa de mis abuelos a estar en mi casa. Si no
recuerdo mal, ya habían empezado con los recopilatorios de Blanco y Negro Mix,
y puede que hasta me empezaran a gustar los Vengaboys, pero pienso que no sería
necesario ahondar en estos temas.
Nota del autor: La expresión surge del
maravilloso discurso de la excelentísima Ana Botella, también conocida como
Annie Bottle en su discurso de defensa de Madrid como ciudad olímpica. Dicho
sea de paso, quedó dicha candidatura en fondo más profundo de la cup.
[3] Cuando no estés por la mañana, las lágrimas se perderán entre la
lluvia, que caerá hoy.
[4] Se volverá pájaro por un día, y de entre las cenizas podrá volar…

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