2 de junio de 2016

Alta Fidelidad, o de como suena una vida. (Parte 1)

Mi vida es música, mi nombre, una canción.

Calderón de la Barca lo supo hacer mucho mejor con los sueños, pero hoy quiero intentar poner en orden esas notas que me cantan, que son parte de mí, y yo no sería sin ellas.

Madre siempre me cantaba una canción antes de acostarme, ponía letra a aquella muñeca azul de pelo rizado y cuerda en la espalda. Bona nit, bona nit. Creo que sin aquella canción y uno de esos 365 cuentos era incapaz de cerrar los ojos. Y puede que, a día de hoy, siga siendo pequeña y necesite de una buena nana para conciliar el sueño. Descubrí que Yann Tiersen, es uno de mis cazadores de sueños.

A los tres mosqueteros siempre nos gustó ir sobre ruedas y conocer el pequeño mundo que nos rodeaba. En el coche, jamás faltaban cintas de cassette, que a destiempo insistía por cambiar. Recuerdo la banda sonora de Mar i Cel, un musical que ha tripitido en los escenarios barceloneses a lo largo de casi treinta años, el mismo que no me cansaba de cantar. Les claus, les claus, doneu-me les claus[1], coreaban gravemente aquellos pérfidos piratas. No tenía más de cinco años. Eso ocurría siempre en verano, camino a la playa, camino al mar.

La jukebox del Orión azul era incansable. Las bandas sonoras siempre fueron un clásico, Ennio Morricone era casi un viajero más, y cuando necesitaba un descanso, las campanas tubulares de Mike Oldfield retumbaban por los altavoces traseros. “Moonlight Shadow” fue la primera canción en inglés inventado que conseguí cantar de principio a fin.

Tirando de archivo fotográfico, fue en 1994 cuando robé, o recuerdo haber robado, el primer cedé a mi tío. ¡Tomatazo! Recuerdo había dos canciones que me tenían cautivada, ambas eran de dos grandes, pero esto lo descubrí años después. “Un paso adelante!” la llamaban, de unos alocados Madness (One Step Beyond) y “Mi agüita amarilla” de los Toreros Muertos, a quien tuve el placer de escuchar en directo el año pasado en la archiconocida Plaza Mayor, y no precisamente con una relaxing[2] taza de café con leche. Esta última me acompañaba largas tardes de domingo jugando a los clics, y un día, desmontando la granja lo vi claro, estaban hablando de un pis. ¡De un pis!

Un año después aparecieron en mi vida Amistades Peligrosas, Cristina del Valle y Alberto Comesaña pusieron la nota musical de aquel verano en casa de mis abuelos. “Me haces tanto bien” fue la canción con la que descubrí la tecla de repeat. Después de este punto y seguido, decidí ir a buscar la letra, y creo que fue suerte no haberle prestado atención antes.

Durante todos estos años, convivieron también conmigo grupos tan grandes como Sau, Sangtraït, Els Pets, Sopa de Cabra, Lax’n’Busto. Con ellos aprendí a apreciar el rock, el rock en catalán. De todas las canciones me quedaría con “Boig per tu”, la balada más grande que ha conocido el mundo, y que ahí donde esté seré capaz de cantar a pulmón. Quan no hi siguis al matí, les llàgrimes es perdran entre la pluja que caurà a-vui[3].

Creo que estaría mal dejar de mencionar a The Beatles, o Los Bitels, para los más tradicionalistas. Aquellos dos discos, uno rojo y otro azul marcarían un punto de inflexión en mis gustos musicales, pero creo que esto, tampoco lo sabía por entonces. Me encantaba escuchar la penúltima del azul, “Eleanor Rigby”, tristísima, por cierto, pero mi inglés no daba todavía para mucho más que el “Yellow Submarine”.

En toda esta mezcla musical seguían reinando las bandas sonoras, la de Misión Imposible, mi favorita. Más allá del trepidante tema de la serie, había una canción que me tenía loca, “Headphones” de Björk, creo que la llamaba “la canción de la tía rara”. Y con los avances cibernéticos, más tarde, comprobé que no me equivocaba tanto. Tenía justamente diez años, y todavía no había visto La Roca.

Creo que hasta ese momento me dio por robar bastantes más cedés a mi tío, que, para el caso, pasaban de estar en casa de mis abuelos a estar en mi casa. Si no recuerdo mal, ya habían empezado con los recopilatorios de Blanco y Negro Mix, y puede que hasta me empezaran a gustar los Vengaboys, pero pienso que no sería necesario ahondar en estos temas.




Es tornará ocell per un dia, i d’entre les cendres podrá volar…[4]




[1] Las llaves, las llaves, dadme las llaves.
[2] Relajante.
Nota del autor: La expresión surge del maravilloso discurso de la excelentísima Ana Botella, también conocida como Annie Bottle en su discurso de defensa de Madrid como ciudad olímpica. Dicho sea de paso, quedó dicha candidatura en fondo más profundo de la cup.
[3] Cuando no estés por la mañana, las lágrimas se perderán entre la lluvia, que caerá hoy.
[4] Se volverá pájaro por un día, y de entre las cenizas podrá volar… 


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