20 de agosto de 2020

Las noches de insomnio (lejos de Madrid).

 Hacía tiempo que no me despertaba en mitad de la noche con el deseo de escribir. Bueno, a ver, la secuencia es distinta: Gemma da vueltas en la cama; Gemma se despierta; Gemma valora si el despertar es salvable fácilmente o tiene que empezar a pensar en recursos dormidísticos (nunca me gustaron la ovejitas). 


En la L, de libélula, me paro a pensar en el zumbido del dinosaurio que me abordó hace algunos días por la noche. Más bien, debía ser el helicóptero que dejaba a los curiosos en el parque, ¡o qué sé yo! Pero el caso es que no, no era una libélula porque resulta que aletean "tan" lento que no les da tiempo a hacer ruido. Hm. 


Evidentemente, ninguna de las técnicas empleadas para volver al sueño ha funcionado. 


Asun, ávida lectora e incondicional de las escrituras de Santa Paciencia manifestó su deseo de seguir sabiendo de mis pasos post apocalípticos. Sería demasiado pretensioso decir que me debo a "mi" público, pero cierto es que hacía días que la olla de analógicos estaba a punto de estallar. 


No hace tanto fue la Verbena de la Paloma. Bauticé este blog mucho antes de que se convirtiera en mi fiesta favorita pero, seguramente había algo retorcido en el destino que así lo había provisto. 


Haciendo un paréntesis temporal, el pasado fin de año, al acabar de engullir las uvas y mirando a mi alrededor, solo deseé que fuera 2020 un año mejor que el anterior. Poco después de mi cumpleaños pensé, "oye, pues ni tan mal". You know nothing, Jon Snow. 


Recordemos que el 11 de marzo, martes, salía por la puerta de un instituto que no volvería a pisar hasta cuatro meses y medio después. El 14 de abril salía de mis 36 metros cuadrados a la sombra sin haber fallado, creo, ningún día al café con leche y los arándanos. El 17 de junio se acababa el gas de una botella mal cerrada. El día 22 sentí algo parecido al momento en que tienes que elegir la combinación de números del Euromillones, la suerte estaba echada. Tuve tiempo de ir y volver de Madrid y disfrutar de su gente (o debería de decir mi...). Volví un sábado sintiendo que había hecho lo correcto y que todo lo que tenía en la maleta me sería útil (ilusa de mi). 


Por un momento olvidé el por qué de toda esta enumeración cronológica absurda, pero me resultó fácil volver: 2020. ¿Mejor que el año anterior? Sorprendente, seguro. A mi sin duda, me pilló con la guardia bajada, pero pasados más de cuatro meses (con sus respectivos paréntesis) volviendo a vivir cerca del mar, sólo puedo pensar en cuánto me alegro. 


De poder hacer un abecedario de atribuciones propio, ahora mismo, significaría: 1. Gemma no recuperará el sueño jamás. 2. Necesito una palabra/expresión que empiece por Ñ. 

Amanecer. B. Constelaciones. Despojo. E. F. Guantes. H.


Pensé que Gel Hidroalcohólico te salva dos, y seguidas, pero...


Podría seguir, Inevitablemente. Porque adoro los Juegos de palabras y los crucigramas con café. La Luna nueva entra en Leo, dicen. Nunca entendí demasiado bien esto, ni los ascendentes, ni cuando Bea me habla de Mercurio en retrógrado, que si mal no recuerdo ocurrió a principios de año (y que cuando tú, persona al otro lado, estés leyendo esto, ya habré buscado qué significa y me habré vuelto loca pensando en cuántos de estos momentos "raros" han influenciado mi vida sin ser yo muy consciente de ello; y que también estarán los escépticos que pensarán que el déficit de sueño ha tenido en mi un efecto negativo bastante considerable). 


Pido disculpas de antemano por haber publicado valientemente sin pasar el corrector y haber abusado, mal, de las comas, como siempre. 

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