20 de julio de 2022

Pequeña Gran Revolucion - Capítulo 34.1

Ayer hablando con una buena amiga le insistía de mi incapaz de escribir. Terrible. Incapaz de sintetizar todo lo que siento en una hoja en blanco pensaba. Esta mañana, según me levanté noté aquel sabor a mañana de confinamiento, preparé un café y subí corriendo a la terraza. Escribir de cara al sol es de por sí poco amigable, pero las vistas y el café hacen de la experiencia vitamina.

Estos últimos días he necesitado mucha playa. Solventar los pies de hipopótamo era necesario, como también reconectar, recordar el por qué de ese primer tatuaje. Me recetaron paz.

Pienso a menudo en la cronología de los últimos meses, una vorágine de emociones descontroladas que acaban siempre en sonrisa. Hay gente mágica que aparece cuando menos lo esperabas, lista para ser cómplice de historias, de charlas interminables. Hay quien de repente aparece y te cambia la vida; y también los que fueron y pasaron de largo.

Café.

Empieza a sentirse el calor, pero me resisto al resguardo. Vitamina D.

Me cuesta seguir atenta. Desde que empecé a escribir habrán pasado unos 46 pensamientos por mi cabeza que sin querer he desechado por poco relevantes. Quizás alguno de ellos fuera revelador, pero este mi día a día. D de Dory.

M parece atenta a mis pensamientos, como si la cosa no fuera con ella, o sí, como si todo esto fuera un cuento de Roald Dahl. Fuerte y luchadora, contra cualquier adversidad, parece.

Café. Vida.

1 comentario:

  1. Escribir es aquello que a veces olvidas garabatear en tu libreta más chula mientras meditas sobre qué narices podrías tú escribir...

    ResponderEliminar