Acabo de llegar a casa y me he puesto ropa de confinamiento, cómoda pero presentable; algo así como la reivindicación del amor propio.
Madrid se ha vuelto loca desde hace unos días. El martes ya hubo síntomas apocalípticos, pero tampoco me preocupé especialmente. The Walking Dead va por la temporada 10, y con dieciséis episodios por cada, te da tiempo a aprender muchas cosas: las cerillas nunca se acaban.
He vivido más o menos tranquila hasta hoy, o hasta ayer... pero después de escuchar al presidente del gobierno anunciando el pronto estado de emergencia, lo he tenido muy claro: Gemma, al estanco.
Jamás había hecho cola para comprar tabaco, me sentí como una yonki esperando la metadona. Mal. Y encima, no tenían Golden Virginia, ni amarillo, ni verde. Aposté por un American Spirit, para rememorar mi estancia en San Francisco, donde perdí mi tabaco patrio y tuve que empeñar un riñón para seguir fumando.
Y como hacía muy buen día y necesitaba alguna excusa para no volver a casa tan pronto he pasado por el súper para comprar naranjas, esta vez me fijé en la procedencia: son de fiar. Creo que puedo hacerme zumo de naranja durante 8 o 9 días, contando las que compré con las que me quedan. Cogí unos plátanos verdes que calculo podré comer dentro de 4 días. Y fresas y arándanos, que ya tienen su propia estantería en la nevera. Papel higiénico compré con normalidad la semana pasada, pero dado el pánico generado, he comprado unos cuantos rollos más. Aunque siendo sincera, ni voy tanto al baño, ni me asusta quedarme sin; las abuelas tiraban de bidet y nunca les fue mal. Pero bueno, también compré unos pañuelos de unicornios para hacerlo todo un poco más fantasioso (estaban de oferta). Estuve leyendo que esta locura desatada tiene nombre: FOMO (Fear Of Missing Out), lo que me pasó a mi con el tabaco, vamos.
Cuando volví a casa empecé a tener un poco de
ansiedad y conté las capsulas de café: 49. Que si las reparto en 15 días, dan a
3,26 cafés al día, que si lo sumo a los tres RedBull sin azúcar y al Monster, creo
que puedo no dormir durante 7,33 días.
Luego pensé en empezar a escribir una versión apocalíptica del blog, que si has llegado hasta aquí, es que está pasando.
Y por si alguien se ha angustiado entre estos dos puntos y aparte, tranquilos, que tengo también ginebra y ron para contrarrestar los
efectos de la cafeína. Y Dormidina.
Pero volviendo a la comida, y gracias al
incondicional abastecimiento de madre, creo que un tupper, dadas las
raciones, me puede permitir comer tres días seguidos lo mismo, así que todavía
deberían de sobrarme algunos por si se alarga la situación. Revisándolo, tengo
lo justo para hacerme una auto cita perfecta: magret de pato, boletus y vino blanco, qué triste.
Dicho todo esto, podéis estar tranquilos, el coronavirus no acabará conmigo, pero el aburrimiento...


