Diario del apocalipsis según Santa Paciencia. 4, 8, 15, 16, 23, 42
Sin saber muy bien por qué me desperté antes
de tiempo, con el pelo como si hubiera peleado con la almohada y un calcetín perdido.
¿Va a ser verdad que te acostumbras a dormir poco y a madrugar? No way.
Tomé el primer café, dos fresas y un puñado
incierto de arándanos. Decidí no hacer zumo, hoy no. Revisé las últimas
recomendaciones seriéfilas y encontré la ideal: Drama. Muy acorde con el
momento actual (y no lo digo porque tenga que confesar ningún embarazo desconociendo
quién es el padre). Cinco episodios de veinte minutos, canallas y sinceros. Y
con Ignatius.
Reset.
Segundo café. Tuve un momento de ducha sí, ducha
no: todavía no era el momento. El desgaste de adentrarme de nuevo en el
polvoroso mundo de Westworld necesitaría una recompensa.
No es una serie fácil, sin duda, pero adoro su
rompecabezas constante. Y las preguntas incómodas que se plantean: ¿existe el
libre albedrío?
Teniendo en cuenta su significado más literal,
representa la libertad del ser humano para hacer lo que le salga de los cojones.
Para bien y para mal. Y si eres un tanto determinista como yo, pensarás que
todo tiene un condicionamiento previo y al final, lo que te salga de los
cojones estará limitado por experiencias o saberes anteriores. Así pues, el
libre albedrío quedaría en tan solo una ilusión. Y algo así se dice en el último
episodio de la segunda temporada: “Los humanos son algoritmos… lo bastante sofisticados
para creer que ellos deciden, que tienen el control, cuando en realidad no son
más que…pasajeros”. Una broma cruel, lo llaman.
Y sin duda, así es. Me muero de ganas de salir
a la calle, socializar con personas de carne y hueso, tocar, estornudar sin ser
mal vista, esto es lo que haría. ¿Puedo hacerlo? Claro. ¿Estaría mal hecho? Totalmente.
Y es que lo que pasa a nuestro alrededor, desde hace un par de semanas, ha condicionado
mis quehaceres, los de todos.
Uf, Gemma, qué sesuda.
Después de un montón de pensamientos y teorías
alocadas sobre papel, me di por premiada, hasta que acabé el termo de agua caliente y
tuve que salir por patas de la ducha, es lo malo.
Comer. Tanta despensa… para nada. Dos vermuts
con naranja y se me hizo tarde.
Como era día de podcast largo, y ya bastante
que tengo las piernas entumecidas de tanto sofá, monté todos los aparatejos como
para hacerlo todo un poco más profesional. Invertí veinte minutos. Sólo.
Tuve tiempo de entrar en Reddit unas cinco veces,
acabarme todos los hilos correspondientes a la serie en cuestión, y aun me
sobró tiempo para merendar una tostada de pan integral con semillas y pavo.
Vamos, una diversión.
Pero una vez puesta en faena, se me olvidó por
completo el drama de estar en casa por condicionamiento. Fueron tres horas de revisión,
teorías, teorías de las teorías, y todo sin haber salido aun la serie. ¡Frikis!
Y ya con todo, quedan 10 minutos para acabar
el día. Probablemente, y debido al uso y abuso del Monster, hoy vaya a dormir
tarde, viendo más series con los tobillos hinchados.
36m2, un lugar chiquitín para
vivir.


