Después de unas cuantas jornadas
de reflexión y unas elecciones generales, sería el momento de retomar, también,
la elección de la buena tortilla.
Que esté poco cuajada, that’s all. Y seguro que muchos lectores
discreparan ante tal sentencia, pero de ser así, que lo escriban y la busquen
ellos.
A mi amigo Trip, pedirle que una
tortilla esté poco hecha, todavía no se puede.
Entonces, claro: abres Google, “mejores
tortillas de Madrid”, primer link, TripAdvisor, y listos. Y aunque es una buena
alternativa, soy más de curiosear y correr riesgos.
Con un porcentaje escrutado del
60%, y digo esto porque seguro que me faltan muchas por probar, la tortilla de
patatas con mayor número de votos, es la del Sylkar (Calle Espronceda, 17). Al
entrar sólo debería de existir una dicotomía, con cebolla o sin. Las dos.
Aunque yo, propondría que en su campaña añadieran otra, cuchara o tenedor.
Jugosísima. Inmediata. En su punto, o en el mío, no lo sé. El espacio no es muy
grande, pero un hueco en la barra es como tener un trocito de cielo. He
repetido, sin duda.
En una posición no muy distante,
está una de las tortillas más selectas de Madrid, y digo esto porque está
dentro del Palacio de la Moncloa. No sé si debiera dar muchos detalles de su
ubicación, pero teniendo en cuenta el difícil acceso, tampoco lo considero
relevante. El 93,5% de la gente que hemos estado ahí hemos comido, y recomido,
y vuelto a comer su maravilloso pincho de tortilla (el 6,5% restante son más de
ensaladilla rusa). Jamás muy tostada, ni muy cocida, con un punto de sal justo,
que invita a beberla. Y es que poder escoger el trozo que quieres, siempre es
una gozada.
Durante este tiempo de reflexión,
o de silencio, ha habido nuevas catas, a ciegas, y algunas de ellas muy
satisfactorias. Destacaría la visita al Café Restaurante Villalobillos (Calle María
Teresa, 9). Habían estado en la campaña del café, nada malo, por cierto.
Recordé que los camareros llevaban chaquetilla blanca, con esos botones dorados
relucientes, y que el ambiente olía a puchero de abuela. Volví. Se trataba de contrastar,
expectativas vs. realidad, y no defraudó. Pincho abundante, con sus religiosas
tres rebanadas de pan: tostada por fuera, deliciosa por dentro. A la hora de la
comida se imponen los trajeados, como si de una sesión plenaria obligatoria se
tratara, aunque sin duda, nada que ver con los precios del Congreso.
Y es que TripAdvisor es como las
estadísticas de CIS, orientativo. Ayuda al indeciso, y puede que favorezca a
los siempre triunfadores.
Sexta lección aprendida: en
Madrid, y en la vida, hay que estar predispuesto a lo desconocido.



