Diario del apocalipsis según Santa Paciencia. 3:01
Queda un minuto para la media noche. Hoy voy
tarde. Y mira que odio ser impuntual… pero creo que me da igual.
Hablando hoy con mi madre, me comentaba que
había leído por ahí que los tres primeros días eran divertidos, del cuarto al séptimo
un poco más amargos y a partir del octavo, mucho peor. Lo siento mama, discrepo,
el infierno ya está aquí y es esto.
Ayer me quedé despierta para ver el estreno de
la tercera temporada de Westworld, la serie de la que os hablé el sábado (todavía puedo saber en qué día vivo). Le tenía unas ganas terribles, y no sé si porque eran las tres de la
madrugada o… meh. Me fui a dormir más tarde de lo previsto, de hecho, pensé en
qué pasaría si no dormía, pero me acabó pareciendo una mala idea. Bien, Gemma,
de cordura todavía andas bien.
Dormí menos de ocho horas, malditos madrugones.
Y lo primero que hice al levantarme fue imaginar que caminaba dos millas terrestres
hasta la cafetera. Luego escribí a alguien con tos.
Zumo de naranja sí. Desde que sé que los
supermercados están abiertos, como que lo vivo todo de otra manera. Tres galletas
y tres fresas; los arándanos ya los doy por implícitos en la dieta. Y para dejarlo
claro, en el caso de que existan dudas subyacentes, todo mi afán por comer
arándanos viene motivado por una reciente infección de orina y por el miedo a
tener otro cólico estando las urgencias como están, así que… a tope.
Me empapé bien de noticias, ninguna
esperanzadora. Ducha y disfraz de persona.
Entré en el maravilloso, y viejo conocido,
mundo de los moocs. Encontré uno muy interesante de la evolución de las
ciudades, enfocado a la transformación que han sufrido hasta llegar a las smart cities
que conocemos hoy. Siempre me ha parecido interesante esta vinculación. ¿Si conocemos
mejor nuestras ciudades podemos vivir mejor en ellas? Creo que es necesario un
paso previo, conocernos, primero como personas y luego como ciudadanos. Después
conocer la tecnología que nos rodea y saber usarla en pro de un proyecto común.
Me parece interesante tratar de entender el entorno para llegar a otro concepto importante: la ciudadanía responsable, que tiene que ir precedida de una
política acorde. De ello podría opinar mucho, pero creo que no es lugar para la
demagogia. Os podré contar más en los próximos días, que van siendo cada vez
más.
Sin darme cuenta, entré en un buble
cibernético que gracias a la llamada de padres se interrumpió: hora de comer.
Otra vez el drama diario, cuándo y el qué. Pero el cuerpo es sabio, si no consumo,
¿por qué repostar? Malcomí. Pero las influencias culinarias de ayer seguían
estando en mi cabeza… necesitaba un plan.
Lo urdí con madre. Asé una berenjena en el microondas,
mientras. Empezamos a pensar qué hacer con el secreto que tengo en la nevera.
Plancha siempre, pero ¿y probar de hacer una “secretoñesa” con berenjena, por
ejemplo? Mañana me tocará ir al súper. Oh, espera. ¡Gemma, saldrás de casa!
Rebuscando en los armarios, algo que no había
tenido tiempo de hacer hasta ahora, también encontré los moldes de silicona de hacer
cupcakes. Así que mañana la lista de la compra tendrá también harina y levadura.
Y tengo pendiente una receta sin horno de una buena amiga repostera. Una pena
no poderlo compartir. Si son repetibles, y salimos de esta, los probaréis.
Pasé el resto de la tarde sin más. Tenía agujetas
y dejé pasar la clase de las seis.
Quería que llegara el momento de poner cara a
los que importan, los incondicionales, los de siempre. Figueres, Amsterdam, Lisboa,
Barcelona y Madrid. Como es habitual se nos fue de las manos, bebimos más de lo
esperado, como cuando hacíamos los “ven a beber solo”, pero esta vez acompañados. Y como siempre, fuimos capaces de sacar rédito a los malos momentos: el jueves
tenemos competición de cenas.
Con la cabeza algo nublada cené una tostada de
pan de verdad con berenjena asada, gratinada con crema de trufa. Tengo que
volver a activar el ingenio culinario, ya no hay vuelta atrás.
Me puse al día con los de casa; hablé de series;
retomé conversaciones a medias; aposté rollos de papel higiénico.
Y tuve tiempo a pensarme un poco.


