Diario del apocalipsis según Santa Paciencia.
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I can't believe the news today
Oh, I can't close my eyes
And make it go away
How long?
How long must we sing this song?
Oh, I can't close my eyes
And make it go away
How long?
How long must we sing this song?
How long, how long?
Amanecí así: bah.
Y mira que ayer me acosté bien tarde viendo lo
último de TWD y podría decir que hasta me medio gustó. Pero no lo voy
a pregonar muy en alto, que sigo siendo la presidenta del “Equipo H”[1].
Me hice buena amiga de la lista que preparé para
la cuarentena. No, no me molesta escuchar canciones que me gustan en bucle.
Hoy sí hubo zumo: dos naranjas; un plátano y
más arándanos. Y un poco de guilty pleasure: chocolate.
Tuve un atisbo de ganas de cocinar, risotto de
berenjena y parmesano, pero quedó en un delirio de grandeza. El puré de verduras
al microondas tampoco estaba tan mal. Aunque de postre, no pude no sucumbir a
otro café que, siguiendo el cálculo, entra dentro de la previsión.
No lavé los platos, mañana tampoco creo que me
arrepienta. Busqué canciones de domingo, de las de relamerse las heridas un
poco por encima, mientras me pasaba Twitter. Llegué a un hilo esperanzador y
tuve que darle al pause.
Un marino compartía sus tips de superación
ante una situación de aislamiento no voluntario. Tener horarios. Mal. Mantener
una dieta equilibrada. Mal. Tratar de contactar con todo el mundo, para sentirse
menos solo. Esto sí. A ratos dudo de si poner en mi perfil “falta de conversación”.
Alexa de hecho, creo que está harta de mis preguntas tontas. Sigo. Tratar de
hacer ejercicio, aunque el espacio sea reducido. Mal. O un montón de cosas más que,
en resumidas cuentas, llevo mal. También habló de no tirarse al alcohol, que en
muchos barcos impera la ley seca. Esto, también mal.
Así que, viendo que llevo sólo tres días y que
todavía no hay luz al final del túnel, me hice una ducha rápida y me enfundé en
las mallas del gimnasio. Tenía que restar algunas cosas de este “mal”.
Youtube, ¡qué gran fuente de sabiduría! Encontré
muchas clases de Body Balance, lo que considero “deporte de domingo” y después
de descartar unos diez vídeos, encontré el perfecto: Lee McGiffen Body Balance
73.
Al acabar me sentí bien realizada, mi barra del
humor había crecido del 47 al 72. Bien. En el durante estuve un poco jodida,
pero nada que no se supere en los próximos catorce inciertos días.
Fin, muy bien. ¿Y ahora? Descubrí la
tecnología punta a padres y compartimos unas risas, además de ver en pantalla
compartida la maravillosa canción “Oda al paper de vàter[2]”.
Muy acertada.
Sí, lo sé, está en catalán, pero me tomaré la
molestia de traduciros algunas de las frases que me parecen memorables:
El teu destí fatal, màrtir de la societat,
que quan t'ha utilitzat estira de la cadena
i tu te'n vas al darrere, de cap a la
claveguera.
Però en acte de rebel·lia embusses la
"cañería"
i ho deixes tot fet un nyap.
[Tu destino fatal, mártir de la sociedad, que
cuando te han usado tiran de la cadena y tu te vas detrás, de cabeza a la
cloaca. Pero en acto de rebeldía atascas la cañería y lo dejas todo hecho una
mierda].
Que el nostre clam arribi fins el cel,
que de tots els amics tu ets el més fidel,
gloriós paper de vàter immortal.
[Que nuestro clamor llegue hasta el celo, que de
todos mis amigos eres el más fiel, glorioso papel de váter inmortal].
Acepto el comentario de que los catalanes somos
muy escatológicos, quizás sí, pero en la intimidad de los nuestros, sólo.
Volví después a la ducha, de las largas, de
las agua hirviendo, de las que pasan todos los males.
Humor al 85. Y podría haber subido más, de no
ser por la pandemia de la desinformación y de las absurdeces.
Un quinto. El de la victoria.
Humor al 89.
Y sí, tú, que estás leyendo esto, probablemente
haber compartido esta cerveza contigo me hubiera hecho aún más feliz.

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