20 de marzo de 2020

Confinamiento: DÍA 7.


Diario del apocalipsis según Santa Paciencia. VII

Me costó dormir, y tomé el día de hoy como un domingo: sin despertador.

Hubo varios intentos de empezar el día, pero llegué a la hora de comer con poca ropa y entre sábanas, aún.

Obvié el café y después de unos cuantos arándanos de aperitivo, me puse con la comida. De postre, un desayuno de café y galleta.

Me cuesta concentrarme hasta en las cosas más sencillas. Ayer olvidé tender la segunda lavadora, que hoy tuvo el privilegio de ser la primera, relavada y tendida.

Pese a ir bien de horas de sueño tuve un amago de siesta que combatí buscando alguna comedia fácil y curiosa, la encontré. High Maintenance. Un dealer neoyorquino a domicilio, con todo lo que ello conlleva. ¡Qué Glovo! Después de un par de episodios me volví a cansar. Creo que trataré de saldar mis deudas con a Rick and Morty.

Me refugié de nuevo en la música.


Estuve en ese concierto y recuerdo los lagrimones que me cayeron al ver a Oriol, a Natxo y a Juanjo en el escenario, valientes, solos, como Crosby, Stills and Nash. Qué canción tan mágica, que dice tanto sin decir nada, una simple locura jugando con las palabras y su sonoridad. No puedo evitarlo. 

Después de este respiro, cuerpo y mente se alinearon y acabé en medio del salón haciendo posturas de lo más curiosas con nombres impronunciables. Al acabar necesitaba una ducha de borrón y cuenta nueva.

Y corriendo a preparar la cena, que hoy lo hacía acompañada. Secreto a la plancha y patatas pochadas con berenjena al vino blanco. Bien de especias y sal gorda para rematar. Puede que sí que este retiro venga bien para recuperar la cocina por placer. 

Como siempre, fiel al postre; una onza de chocolate del muy negro y un Puerto de Indias con arándanos.



Y así fue el séptimo día, sin resurrección entre medias. Esperando el silencio de la negrura para escribir, escribirme, escribirte, escribirnos.




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