21 de marzo de 2020

Confinamiento: DÍA 8.


Diario del apocalipsis según Santa Paciencia. Kahdeksan.

Me quedé dormida en el sofá y desperté en él. Esto viene en la carga genética por parte de padre, seguro. Olvidé cerrar la persiana, pero donde vivo no tengo la suerte de que ningún rayo de sol cegador me grite los buenos días.

Tomé el primer café de obligado cumplimiento y pasé por la ducha. Desmond, Gemma, piensa en Desmond.

Ante la tristeza lumínica, sucumbí al enriquecimiento de las eléctricas para seguir haciendo cosas. Recibí una llamada de lo más inesperada, pero de lo más feliz: Laura. Nos conocimos en Barcelona cuando trataba de poner sentido a lo que decían mis manos. Tengo lagunas de qué fue lo que más nos unió, ¿el café? ¿Quizás los pitis de liar? ¿Tratar de ordenar nuestras vidas? Siendo unas profesionales de las pellas, nos brindamos el compromiso de ir juntas a clase todos los días, no sin antes pasar media mañana en la Fourmi, nuestro bar. Bailén con Tordera; seguir hasta encontrar Mallorca, y girar en Villarroel. De subida, Milá i Fontanals, frente al nepalí.  Qué grande la JJ[1]. Acabé mis últimos meses en Barcelona viviendo con ellos, con Laura y Tiano, y con Lucas, el único gato peludo al que conseguí no tener alergia.

Después del update procedí con otro café con media cabeza en casa. Hoy sí volví a las ciudades: Detroit. De cómo la industria fordiana la llevó a lo más alto y acabó siendo una ciudad casi fantasma. Cierto, la tecnología tuvo bastante que ver, pero también la segregación. De nuevo los malditos blancos parecieron no entender de su propio sueño americano. Se aislaron en ghettos a las afueras, dejando el centro abandonado a su suerte, y con un gobierno tecnócrata que declaraba la quiebra de la ciudad en 2013.


A diferencia de Luther King mi sueño estos días, y hoy especialmente, es totalmente egoísta, aunque no menos global: estar en casa y poder preocuparme en primera persona de los que nunca me dejaron caer.

Mamut, no és la cama, ni et dius Maria, però pensar en aquella nit de Rodoreda et fará riure. 

Traté de pensarlo un poco menos. Calenté agua para unos noodles que no me acabé. Me llegó a pasar por la cabeza tomar otro café, respaldado por el cálculo de 3,26 al día, pero luego pensé en lo largas que se pueden hacer las noches.


Y me dejé sugestionar por la música, como todos estos días. Ja surt el sol. Y no sale, saldrá.

Pasé de nuevo por la ducha, para cambiar de decorado, aunque fuera.

Es curioso cómo cambia el punto de pista encuadrados en escasas pulgadas, pero las sonrisas, y hasta las miradas con lag siguen siendo reconfortantes. Dejar de pensar, aunque sea por un rato, en los días que llevamos y la incertidumbre de los que quedan.  

Malcené y hubiera seguido bebiendo cerveza. Mitja merda i dormir, como dice madre.

Seguramente mañana sea un día mejor.




[1] Una Scoopy marcada por la gracia de Janis Joplin.

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