27 de marzo de 2020

Confinamiento: DÍA 14 y medio.


Diario del apocalipsis según Santa Paciencia. 14.1

Por primera vez, el ayer lo escribo hoy.

Me levanté pronto y sin haber dormido demasiado. Bebí otro zumo de piña, echando de menos la naranja. Comí dos galletas Príncipe, que es como si fueran cuatro y café, mucho.

Si hubiera tenido un pasillo largo lo hubiera andado y desandado unas cuantas veces, pero me quedé haciendo círculos ansiosos en el salón, y de allí a la cocina, y al patio, y de nuevo al salón. Y hasta en el plato con el tenedor. 

Volví a las series que tanto me ayudan a viajar, lejos. Y pese a que la concentración no estaba siendo muy buena, los mecanismos de defensa, a veces, son terriblemente sabios: esta vez fue fácil.

Entendí perfectamente como se sentían las chicas del cable, y no precisamente las famosas. Llamada, mensaje, llamada, llamada en espera, otro mensaje, llamada. Me resigné al sentado.

Está en buenas manos, está bien. Quise creer y quiero seguir haciéndolo. No, Gemma, no creas, sé fiel a tus convicciones y estate convencida. De ella, además de algún pelo mal puesto y las manos mullidas, también heredé, entre otras muchas cosas, el estoicismo.

Low mood again. 

Busqué desesperadamente la salida, que me abocó a un sinfín de llamadas de gente bonita. Viendo a un primo segundo de un pájaro carpintero; llamando a un teléfono fijo: 111B; mezclando sanidad, experimentos científicos y dudas existenciales; unos tíos seriéfilos y estupendos; un padre especialmente preocupado; unos amigos terribles, capaces de celebrarlo todo a distancia; un mediterráneo que se acuesta muy tarde.

Seguramente nunca sepa como darles las gracias por estas pequeñas cosas. 

Y mientras escribo, recibo esto:



Me lo manda ella, fuerte y valiente. Deseosa de abrazos.

T’abraçaré molt i molt, mamut.




Los abrazos de Carmen 113 me los mandó Clara por primera vez, cuando me hacían falta. Después me los hice míos. Tuve el placer de conocerlos y cantarles aquí, en Madrid, sentirme cerca de casa. Y ahora, con una sensación parecida, los mando yo. 



Abrazos que curan. 





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