Diario del apocalipsis según Santa Paciencia.
Like cats, nine lives.
Despertarse tarde. El calendario dice que es
sábado. Inspirar fuerte y quitarse el nórdico de encima.
Llamar a casa y tratar de tomarme las cosas un
poco menos mal.
Silencio. He dormido más de 11 horas.
Change your Mind[1]
también es un temazo. Dejo que me acompañe hasta la cocina. Café.
No soy muy de retos, pero busco en el sobre de
los tesoros dos fotos de cuando era pequeña.
Una, en la piscina de la terraza de casa, con
padre. Recuerdo que me acercaba hasta la jardinera a coger pequeñas fresas. La
adicción empezó muy pronto, aunque las hormigas trataran de impedirlo. Las odio.
Dos, con madre, en casa de los abuelos con la mona.
Me fascina la moda de principios de los noventa. Volvieron los pantalones
altos, pero espero que jamás vuelvan esos cuellos horribles, siento picores sólo
con mirarlos.
A medio café decidí levantarme e ir a seleccionar
las próximas lecturas. Puede que algunos piensen que cuatro sean demasiados,
pero nunca hay un “demasiados” para los libros. Ciudad Abierta de Teju
Cole. La relectura de El retrato de Dorian Grey de Oscar Wilde. Operación
Caballo de Troya de John A. Keel, que me recuerda al pendiente Caballo
de Troya de JJ Benítez. Y El curioso incidente del perro a medianoche de Mark Haddon, otra relectura. A Christopher, su protagonista, le encantan las
listas y los cálculos de cosas, a priori, absurdas. Como a mí.
Les he dado un sitio privilegiado en el mueble
del salón, para no tener excusas de demora. Y ya estoy pensando en cuáles serán
los cuatro siguientes. Luego me levanté y dejé pasar la hora de la siesta
vecinal para pasar el aspirador.
Brrrrrr. ¿Sería correcta como onomatopeya
aspiradorística?
¿Y os acordáis de las dos lavadoras tendidas? Muy
mal. Esta situación excepcional me ha hecho olvidar que existe una previsión meteorológica
que generalmente se cumple. Lluvia. Ropa mojada, Gemma enojada. Esperando la
primera segunda vez de la lavadora empecé, por fin a leer.
Recibí una llamada de socorro de las que no se
piden. Estoy aburrida de empezar y acabar tanto en tan poco tiempo; jamás pensé
que pronunciaría tal cosa.
Poco antes de ducharme decidí hacer recuento
de papel higiénico, muy importante: 2 rollos y medio en 9 días. Vamos bien.
Me tocó resignarme al tendido interior, como si tuviera una casa grande.
Después de los aplausos sanitarios empecé a
ver The Day of the Doctor, el puto mejor episodio-película que se haya hecho jamás.
Me sentí orgullosa de llevar la Tardis siempre conmigo. What was the promise? Never cruel or cowardly. Never give
up, never give in.
Traté de seguir leyendo, pero Doctor Who tiene
ese mágico don, nunca deja indiferente. Es una relación que se cuece a fuego
lento, como en el Quijote. Muchas veces no hay más mensaje que la fantasía, gozar
del momento y vivir las aventuras como propias. Como ahora, este momento excepcional en el que todos tratamos de enfrentarnos al monstruo a nuestra manera. Mis
mayores miedos: el tiempo y la incertidumbre; no la soledad que a menudo anda
cotizada.
Pero para ello te tengo a ti, querido lector
en el anonimato, te agradezco que estés al otro lado, dando sentido a estas palabras
que, de estar escritas a mano, estarían escritas con mala letra. Sólo espero
que nos volvamos a ver.


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