22 de marzo de 2020

Confinamiento: DÍA 9.


Diario del apocalipsis según Santa Paciencia. Like cats, nine lives.

Despertarse tarde. El calendario dice que es sábado. Inspirar fuerte y quitarse el nórdico de encima.



Llamar a casa y tratar de tomarme las cosas un poco menos mal.

Silencio. He dormido más de 11 horas.

Change your Mind[1] también es un temazo. Dejo que me acompañe hasta la cocina. Café.

No soy muy de retos, pero busco en el sobre de los tesoros dos fotos de cuando era pequeña.

Una, en la piscina de la terraza de casa, con padre. Recuerdo que me acercaba hasta la jardinera a coger pequeñas fresas. La adicción empezó muy pronto, aunque las hormigas trataran de impedirlo. Las odio.

Dos, con madre, en casa de los abuelos con la mona. Me fascina la moda de principios de los noventa. Volvieron los pantalones altos, pero espero que jamás vuelvan esos cuellos horribles, siento picores sólo con mirarlos.

A medio café decidí levantarme e ir a seleccionar las próximas lecturas. Puede que algunos piensen que cuatro sean demasiados, pero nunca hay un “demasiados” para los libros. Ciudad Abierta de Teju Cole. La relectura de El retrato de Dorian Grey de Oscar Wilde. Operación Caballo de Troya de John A. Keel, que me recuerda al pendiente Caballo de Troya de JJ Benítez. Y El curioso incidente del perro a medianoche de Mark Haddon, otra relectura. A Christopher, su protagonista, le encantan las listas y los cálculos de cosas, a priori, absurdas. Como a mí.

Les he dado un sitio privilegiado en el mueble del salón, para no tener excusas de demora. Y ya estoy pensando en cuáles serán los cuatro siguientes. Luego me levanté y dejé pasar la hora de la siesta vecinal para pasar el aspirador.

Brrrrrr. ¿Sería correcta como onomatopeya aspiradorística?

¿Y os acordáis de las dos lavadoras tendidas? Muy mal. Esta situación excepcional me ha hecho olvidar que existe una previsión meteorológica que generalmente se cumple. Lluvia. Ropa mojada, Gemma enojada. Esperando la primera segunda vez de la lavadora empecé, por fin a leer.

Recibí una llamada de socorro de las que no se piden. Estoy aburrida de empezar y acabar tanto en tan poco tiempo; jamás pensé que pronunciaría tal cosa.

Poco antes de ducharme decidí hacer recuento de papel higiénico, muy importante: 2 rollos y medio en 9 días. Vamos bien.

Me tocó resignarme al tendido interior, como si tuviera una casa grande. 

Después de los aplausos sanitarios empecé a ver The Day of the Doctor, el puto mejor episodio-película que se haya hecho jamás. Me sentí orgullosa de llevar la Tardis siempre conmigo. What was the promise? Never cruel or cowardly. Never give up, never give in.

Traté de seguir leyendo, pero Doctor Who tiene ese mágico don, nunca deja indiferente. Es una relación que se cuece a fuego lento, como en el Quijote. Muchas veces no hay más mensaje que la fantasía, gozar del momento y vivir las aventuras como propias. Como ahora, este momento excepcional en el que todos tratamos de enfrentarnos al monstruo a nuestra manera. Mis mayores miedos: el tiempo y la incertidumbre; no la soledad que a menudo anda cotizada.

Pero para ello te tengo a ti, querido lector en el anonimato, te agradezco que estés al otro lado, dando sentido a estas palabras que, de estar escritas a mano, estarían escritas con mala letra. Sólo espero que nos volvamos a ver.








[1] The Killers, siempre.

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