Diario del apocalipsis según Santa Paciencia. f(x)=x4-24x2+4x+104
Creo que borré gran parte de mi conocimiento matemático
del pasado, pero no tengo ninguna duda de que hoy fui una función polinómica de
grado 4.
Me costó dormir, seguramente fuera culpa de
demasiado azúcar, demasiada cafeína y demasiado limón.
Pero no quería perder el día, qué paradoja. Me
sentí especialmente concienciada de ser Desmond. Le pedí a Alexa las noticias,
subí las persianas y busqué las gafas. Puse a calentar la cafetera y volví a
por dos naranjas. Decidí hacer un nuevo experimento, smoothie de naranja,
fresas y arándanos: un zumo de cosas.
El café en tazón y una galleta. Una lavadora. Abrir
ventanas y 15 minutos de yoga mañanero. Sí,
en pijama. Otro día hablaré de los inconvenientes de hacer ejercicio sin la
ropa adecuada.
Me senté en la mesa, como si tuviera mucho
trabajo que hacer. Simplemente revisé el correo, abrí las redes sociales, releí
la publicación de ayer para no vivir en el día de la marmota y hablé por
teléfono. Entré en la ducha corriendo y me preparé para el siguiente contacto
exterior: ellas. Nos pusimos rápido al día, si nos lo proponemos, sabemos.
Aunque supo a demasiado poco, a la siguiente, cervezas.
Hoy sí me acordé de comer, y de tender.
Me puse pronto a preparar el siguiente podcast,
rever el episodio y tomar notas. Últimamente me dan la vida.
Segunda lavadora.
No había tiempo para siesta, tenía un objetivo
claro: muffins, o derivados, o lo que surgiera. Poder hacer dulces en el
microondas más allá del bollo-taza.
Lo tenía todo a punto: leche, azúcar, harina,
huevos, canela, esencia de vainilla, chocolate, levadura… ¡Qué tema, la levadura!
Estando en plena mezcla de secos caí en la cuenta de que existen varias levaduras
en función de cuál sea el fin… Gemma, piensa. Mitad con levadura fresca pero
seca, y mitad con Royal (el de toda la vida). Bizcochitos y magdalenas. Genial,
nada podía fallar. Mezclar bien, homogeneizar. Música. Empapelar moldes. Todo
listo. Algunos decían 90 segundos a 700W, revisar y repetir a demanda, otros
que 3 minutos a media potencia. Lo bueno de que fueran piezas individuales es
que pude hacer la prueba de una en una mientras el señor de Iberdrola acariciaba
un gato. Y así fue, y fue mal. Al máximo de potencia, un minuto y medio es
insuficiente, pero al pasar de dos, carboniza por dentro: la magia de las microondas.
Con un poco más de acierto, los brioches quedaron bien, recién hechos estaban
esponjosos y sabrosos, pero el reposo les sentó regular y tendieron a la petrificación.
Contadas todas mis miserias culinarias, de las
cuales no se conserva ninguna prueba física ni gráfica, podría estar hablando
largo y tendido de la autoexigencia, de la búsqueda de la perfección. Pero me quedaré
con la parte divertida del proceso y no únicamente con el resultado.
Y con toda la cacharrería aun por lavar, casi
grabo el primer podcast en mandil.
Fue entre caminantes cuando llegué al mínimo
de la función. Suspensión por fuerza mayor.
Tuve que levantarme. Era la crónica de una
muerte anunciada con toda la agonía que conlleva la incertidumbre entre cuatro
paredes. Sin ser una gran sorpresa, me pudieron la rabia y el desconcierto.
Como desconcertada me dejó el descubrimiento
de un nuevo concepto-palabra: jujaneo. Wikipedia no tiene respuesta. Mal. La
RAE sorprendentemente, tampoco (y mira que aceptaron cruasán y güisqui). Pero Forocoches,
¡sí! Gracias. Jin555 dice: “Meter fichas básicamente, a un tio que habla con
muchas tias se le llama jujas”. Entonces, deduzco que el verbo será jujanear. Y
si a esta ecuación le añadimos la música… Creo que sigo sin saber a qué se refieren.
En fin.
Y para que la función acabara extendida hacia arriba
del plano cartesiano me tocaba hacer una última cosa, volver a sentarme en la
silla, ponerme los auriculares y hablar de ficciones que tienen lugar en
espacios pequeños o donde los protagonistas no tienen libertad para salir. Sin
prepararlo mucho, sería realmente fácil. Y cuando tienes una cita quincenal con
siete constantes, como lo fue Penny, nada puede acabar mal.
