Diario del apocalipsis según Santa Paciencia. 03x08
La siesta de ayer no me impidió caer rendida.
Zumo de cosas: naranjas, frambuesas y arándonos,
una buena dosis de energía. Salí a tomar el café, se estaba levantando el día y
todavía era hora de paseo. Me puse ropa de calle, adecenté mi cara de sueño y
decidí acercarme al mercado. Siempre eché de menos poder comprar en los puestos
sin perder el factor humano y poniendo cara a las judías verdes o a las
berenjenas.
Mascarilla, gafas de sol, alcohol, guantes a
mano, auriculares y una banda sonora acorde.
Probé suerte por si había podido volver el señor
de las flores, pero aun no. Necesito una planta, o dos.
Volví con buen acopio de verduras para seguir
comiendo escalivada; quinta generación.
De nuevo en casa tenía que ponerme pronto con
la preparación del podcast. Una llamada inesperada me dejó fuera de servicio
casi dos horas. Estaba decidida a ducharme con agua un poco más fría, pero debe
ser que mis extremidades no estaban aún preparadas.
Comí deprisa y me senté en una silla de la que
sólo me levanté para ir al baño y a por más café.
Eran más de la una de la madrugada cuando traté
de llegar a la cocina con absoluto sigilo y cenar casi a hurtadillas.
Ocho episodios, ocho semanas de confinamiento,
cinco y tres. Una de la pocas rutinas placenteras de rutina acaba, como todo lo
bueno.
El libre albedrío es una ilusión.


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