2 de mayo de 2020

Confinamiento: DÍA 50.


Diario del apocalipsis según Santa Gemma-no-dejes-para-mañana-lo-que-debas-hacer-hoy.

Después de 50 días sigo fiel a mis convicciones: el zumo de naranja, el café y los arándanos. He cambiado de vistas, de cama y de clima; he pasado un Sant Jordi en casa, literalmente; he mudado la piel como las serpientes; he soñado unas 43 veces con el mar; he fumado más de lo debido.


El día 49 quedará para siempre en la lista de analógicos no publicados. Puede que algún día, dentro de 15 años, quede inmortalizado en la nube. Quizás.

1 de mayo y en Figueres, debería de haberme despertado tarde y con un resaca terrible, pero no. Me acosté más pronto de lo habitual después de haber pasado un día extraño de lucha histamínica, creo que puedo añadir alguna alergia más al historial. No podía dormir de ninguna manera y tratando de no hacer ruido, con la luz tenue empecé a pensar en los fantasmas del pasado. Estaba durmiendo en una habituación que fue mía, que había dejado de serlo, de alguna manera y que poco tenía que ver con la Gemma de ahora. Contenta de haber sido capaz de pensar con lucidez, dadas las horas, pude volver a conciliar el sueño.


Esta era canción era mítcia de barraques, de dejarnos la voz aun siendo muy del norte.

*** 

Sin despertador. Subí la persiana, abrí la ventana y me encaminé a la cocina. Bebí el zumo de un trago y dejé el café, como si fuera música de fondo, mientras me ponía a hacer otro cheesecake. En casa no lo habían probado nunca. El día 1 es día fira, de artesanía, de alimentación, de pintura. Un día de vestidos de estreno y joyas nuevas, de no poder caminar tres pases de seguido. Al llegar a casa, ya de noche, hacíamos recuento de botín: boletus, trompetas, anchoas, quesos, panes, churros y mató[1], mató de Montserrat. El pastel de queso de hoy sería una nueva recompensa que añadir a la lista de las extrañas circunstancias.

Tenía que reposar antes de la nevera y encajó a la perfección con el plan de no salir de la habitación hasta que fuera otra. Saqué todos los libros y aproveché para quitar el polvo a fondo, manías de una alérgica. Algunos de los juguetes que se habían quedado de anteriores selecciones, puede que hace 10 años por nostalgia, también merecían un sitio mejor, como la caja de Andy. Necesitaba verlo todo vacío para reconstruirlo de nuevo. Sólo[2] salí de la habitación para comer, y me llevé el café otra vez dentro para las pausas necesarias. Aproveché para ver algunos álbumes abandonados y llegué a París, 2005, viaje de fin de curso de segundo de bachillerato. ¡Qué juventud, qué colorido y qué resaca!

Me siento en la obligación de hacer un inciso en la narración de los hechos, si es que todavía había algún hilo conductor, para tratar de buscar una explicación a mi manía de añadir resacas a los eventos importantes. ¿No sería más rentable, emocionalmente hablando, recordar el momento álgido de pasarlo bien? Parece que no. Si alguno de vosotros comparte esta sensación, que no dude en expresarlo abiertamente en los comentarios.

Sigo. Ordené los libros con ese TOC tan característico. Castellano, historia, mujeres, ficción internacional, novela negra, nacional. Por otro lado, literatura del siglo de oro, antologías, teatro, picaresca. Luego catalán: historia con poesía y teatro y ficción internacional blandengue de bolsillo. Arriba del todo, en la cúspide, Paul Auster, entre otros, y el libro de relatos cortos, publicado en 2002, en el que me encuentro como finalista y publicada entre los VV.AA. La filosofía la ubiqué con el ajedrez, y los recuerdos y regalos de viajes ganaron importancia tras el despeje.

Se me había hecho tarde, me duchaba a la hora de cenar y cenaba a la hora del postre. Pudimos mantener el factor sorpresa del cheesecake hasta por la noche. Nos hubiera gustado comer pan de espirulina con embutidos caseros de la montaña, pero nos conformamos con unos bikinis[3] de pan de espelta.

Estaba muy cansada física y emocionalmente, por hacer hecho las paces, supongo. Caí rendida en la cama, aunque creo que la emoción me pudo y me volvió a costar dormir.

Pronto llegaría el sábado, día de rienda suelta. De madrugar y hacer deporte, de madrugar y pasear, de no madrugar y esperar a la noche, pero en cualquiera de las opciones, salir consentidamente.


[2] Esta semana la RAE volvía a ser noticia. ¿Sólo o solo? No entra en mis planes morirme pronto, pero en cualquier caso, hasta ese día, lo seguiré escribiendo diacríticamente.
[3] Aquí lo explican muy bien. Reconozco que me costó cambiar cuando llegué a Madrid, pero después de unos cuantos malentendidos y unas cuantas miradas de desprecio, lo incorporé excepcionalmente y a  contracor en mi vocabulario. https://www.lavanguardia.com/comer/tendencias/20170411/421605515959/historia-nombre-bikini-sandwich-jamon-y-queso.html

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