Diario del apocalipsis según Santa Paciencia.
Por más pronto que me quisiera levantar, los lunes
“post-serie” son siempre de “cinco minutos más”. Aun teniendo naranjas preferí
piña con arándanos, una nueva mezcla del coleccionable.
Estuve mierdeando[1]
más de lo debido. Cuando casi era la hora de comer y después de haber estado viendo
fotos de torrijas de mis compañeras de trabajo, decidí ponerme a tope con el deporte. ¡Gemma, no seas cobarde! Odio las planchas, y los burpees mal hechos. El
outfit me ayudó bastante.
Casi sin querer pasó una hora volando. Me duché
con música para no caer en estado de siesta pre-comida. Sí, todavía no había
comido y a las cinco había quedado. Ella jamás llega tarde en persona y estaba
claro que virtualmente tampoco lo haría. Comí el arroz que sobró de ayer. Hacer
arroz para uno siempre me resulta difícil, la medida de los “puñados” teniendo
en cuenta el tamaño de mis manos, nunca es del todo válida.
El viernes hubiera empezado vacaciones: Madrid
– Amsterdam – Barcelona – Figueres, con casi toda seguridad. Pero ni vacaciones,
ni viajes. La primera Semana Santa en toda la vida que no voy a casa. Siendo a
los 33, no sé si tengo que prepararme para una pronta resurrección, aunque
hasta el 26 de abril, todavía tengo tiempo.
Vuelvo a la cita. Apareció en nuestras vidas
de manera explosiva. En Girona, sin pagar el mismo alquiler vivíamos y
dormíamos juntas. Hasta el punto de que salvó su examen de física el que yo tuviera
un curro de mierda y me tocara madrugar mucho algunos días. Éramos parroquianas
de unos cuantos bares y adictas a los crucigramas del periódico. Que ánade es
sinónimo de pato, lo aprendí entonces. También aprendí a beber con ella, por más
que lo niegue, se basa en que el conocimiento ya lo tenía, simplemente me dio herramientas
para exteriorizarlo, dice.
Nos pusimos al día. Desde diciembre hasta
ahora han pasado muchas cosas. Brindamos por todas ellas y también sacamos el
lado positivo de las no tan buenas. Después de unas horas, juntas y bebiendo
nos dimos cuenta de que la distancia física no es un impedimento para que la
situación se nos vaya de las manos. Cafés que son cervezas y que podrían acabar
en cena. Nos faltaron las copas que las apuntamos para la siguiente vez.
Antes de despedirnos repasamos nuestra
particular lista de prioridades post-confinamiento. ¿Habéis hecho la vuestra?
[1] Perder el tiempo haciendo que haces cosas, inútiles todas; tontear con
alguien; en Argentina significa “ser faltoso” con alguien. Una de esas palabras
que encantarían a James Rhodes.


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