7 de abril de 2020

Confinamiento: DÍA 25.


Diario del apocalipsis según Santa Paciencia.

Por más pronto que me quisiera levantar, los lunes “post-serie” son siempre de “cinco minutos más”. Aun teniendo naranjas preferí piña con arándanos, una nueva mezcla del coleccionable.

Estuve mierdeando[1] más de lo debido. Cuando casi era la hora de comer y después de haber estado viendo fotos de torrijas de mis compañeras de trabajo, decidí ponerme a tope con el deporte. ¡Gemma, no seas cobarde! Odio las planchas, y los burpees mal hechos. El outfit me ayudó bastante.



Casi sin querer pasó una hora volando. Me duché con música para no caer en estado de siesta pre-comida. Sí, todavía no había comido y a las cinco había quedado. Ella jamás llega tarde en persona y estaba claro que virtualmente tampoco lo haría. Comí el arroz que sobró de ayer. Hacer arroz para uno siempre me resulta difícil, la medida de los “puñados” teniendo en cuenta el tamaño de mis manos, nunca es del todo válida.

El viernes hubiera empezado vacaciones: Madrid – Amsterdam – Barcelona – Figueres, con casi toda seguridad. Pero ni vacaciones, ni viajes. La primera Semana Santa en toda la vida que no voy a casa. Siendo a los 33, no sé si tengo que prepararme para una pronta resurrección, aunque hasta el 26 de abril, todavía tengo tiempo.

Vuelvo a la cita. Apareció en nuestras vidas de manera explosiva. En Girona, sin pagar el mismo alquiler vivíamos y dormíamos juntas. Hasta el punto de que salvó su examen de física el que yo tuviera un curro de mierda y me tocara madrugar mucho algunos días. Éramos parroquianas de unos cuantos bares y adictas a los crucigramas del periódico. Que ánade es sinónimo de pato, lo aprendí entonces. También aprendí a beber con ella, por más que lo niegue, se basa en que el conocimiento ya lo tenía, simplemente me dio herramientas para exteriorizarlo, dice.


Nos pusimos al día. Desde diciembre hasta ahora han pasado muchas cosas. Brindamos por todas ellas y también sacamos el lado positivo de las no tan buenas. Después de unas horas, juntas y bebiendo nos dimos cuenta de que la distancia física no es un impedimento para que la situación se nos vaya de las manos. Cafés que son cervezas y que podrían acabar en cena. Nos faltaron las copas que las apuntamos para la siguiente vez.

Antes de despedirnos repasamos nuestra particular lista de prioridades post-confinamiento. ¿Habéis hecho la vuestra?



[1] Perder el tiempo haciendo que haces cosas, inútiles todas; tontear con alguien; en Argentina significa “ser faltoso” con alguien. Una de esas palabras que encantarían a James Rhodes.

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