10 de abril de 2020

Confinamiento: especial cheesecake.


No quería perder la oportunidad de compartir con vosotros la receta del cheesecake sin horno, por si, como yo, tenéis un antojo fuerte de dulce o unas ganas terribles de poneros a cocinar.

Utilizo un molde desmontable de 26 cm Ø. (Untado previamente para evitar desastres posteriores).

-          ¾ de paquete de galletas “Digestive” del Mercadona (que son las que tenía, pero valen todas las del mismo estilo).
-          ¼ de tarrina de margarina de tarro pequeño.
-          1 cucharada sopera de canela molida.
-          1 chispina[1] de esencia de vainilla.

Esto para la base. Romper las galletas en trozos aceptables para el robot-picadora-mortero que vayáis a usar. El objetivo es que quede como harina de galleta. Mientas, en un cazo a fuego bajo-medio ponemos el cuarto de tarrina de margarina a deshacer. Antes de añadirla, mezclamos las no-galletas con la canela, y la chispina de esencia de vainilla con la no-margarina. Queda algo parecido a la arcilla de las manualidades del colegio. Ahora ya, el objetivo es cubrir toda la base del molde con un grosor bien, con la importancia que quede bien compactado. Recomiendo ensuciarse las manos. De hacerlo en un tarrito de cristal en modo deconstruido y moderno, no hubiera sido necesario triturar tanto las galletas ni añadirles tanta no-margarina para hacer el cemento.

Para poder mezclar los ingredientes con comodidad, recomiendo cazo de 18cm Ø.

-          4 mini-brics de nata de cocina de 200ml (yo la uso sin lactosa).
-          2 tarrinas de queso crema Philadelphia (también sin lactosa).
-          Azúcar moreno (La cantidad que quepa en la tarrina del queso una vez vacía).
-          1 sobre de hojas de gelatina del Dr. Oetker (supongo que puede vale cualquier marca y formato, tanto en polvo como agar-agar, pero lo importante: leed bien).
-          1 tarro de mermelada de lo-que-apetezca (generalmente esta tarta pega bien con los frutos rojos, o del bosque, pero da un poco igual).

Debería de añadir un bol con agua para el enfriado de las hojas de gelatina, pero esto lo aprendes leyendo. Según la marca, indica que, por cada 80ml de líquido, una hoja. Si por cada mini-bric corresponderían 2 y un poco más, tirando un poco de imaginación, necesitaremos remojar 9 de las 12 que vienen en el paquete, importante hacerlo de una en una.

En el cazo añadir uno de los mini-brics y una tarrina de queso. A medida que vaya cogiendo temperatura el queso crema se derretirá más fácilmente. Después, otro mini-bric, y removeremos con una lengua mientras añadimos las 4 hojas correspondientes de gelatina. Siempre hay que tener mucho cuidado de no llevar a ebullición. Con una de las tarrinas restantes, medimos la cantidad de azúcar y se la añadimos a la mezcla, donde poco a poco acabaremos de añadir los otro mini-brics y las hojas de gelatina hasta que queda una mezcla homogénea, sin grumos y sin hervir.

Con la base bien sólida, añadimos el contenido líquido, desde una distancia no muy elevada para agujerear o destrozar la base y lo dejamos reposar hasta conseguir temperatura ambiente. Posteriormente añadir tres horas a la nevera.

En mi caso, dejo que pasen estas horas para añadir la mermelada de lo-que-­apetezca, calentando el tarro de cristal al baño maría y extendiéndola ya por la parte superior endurecida con una cuchara de madera.  

Después lo dejo de nuevo, cuajar conjuntamente en la nevera hasta el día siguiente, lista para comer.
Ale, pues ya está, buen provecho.





[1] Medida no reconocida por el SMU que corresponde a “un-poco-así-a-ojo-pero-sin-pasarse”.

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