1 de abril de 2020

Confinamiento: DÍA 19


Diario del apocalipsis según Santa Paciencia.  [W+D-d]TQ / MNa[1]

Después de 17 días fui infiel a mi cita.

Algunos lo calificarían de Blue Monday; invitados estáis a calcular una ecuación absurda, sin sentido. Simplemente no tenía las letras claras.


Ya sí, hoy. Diecinueve días de aventura: muchos cafés, muchos cigarros, muchas canciones. Un cambio de hora, innombrables llamadas y dos plátanos supervivientes.

En Madrid no ha dejado de llover en dos días, puede que hayamos salido en las noticias también por la nieve de la sierra, pero sigo viviendo en la inopia informativa. Cada vez que hablan de la curva pienso a ver en qué momento aparecen los faros cegadores y la chica. Siempre pequé de un humor peculiar ante las situaciones incómodas. Hasta le llegué a decir al gran Javier Cansado, “haces cara de cansado, válgame la redundancia”. ¡Gemma!

Me va costando levantarme, más de lo normal que ya es bastante. Me estiré unas cinco veces antes de dar el gran salto a la vida y ya últimamente, hago la primera llamada desde la cama. Traté de dejar las preocupaciones en la almohada y poner las sábanas a lavar.

Estoy en pleno proceso de desintoxicación cafetera, para reducir el noctambulismo y porque veo decrecer a una velocidad no calculada las cápsulas y los brics. Un solo café, y sin zumo, porque encontré demasiado emocionante sumar un paraguas a todas las medidas preventivas para ir a la compra.

Aunque parezca mentira, ser seriéfila y tener obligaciones con los oyentes me ayudó a saber que hoy era martes: Westworld. Me mimeticé de lleno con los bolis de colores y las teorías descabelladas, estas van muy conmigo. Aunque creo que hoy no estuve del todo acertada, seguramente por tener demasiadas cosas en la cabeza. Estuve revisando episodios anteriores, de la primera temporada, y encontré joyas como esta: “Los humanos presumimos de nuestro modo especial de percibir el mundo. Y aun así vivimos en bucles tan rígidos y estrechos como los anfitriones, cuestionándonos nuestras opiniones, conformándonos con que nos digan qué hacer después”. Y en mi después empecé a pensar en el millón de veces que me han dicho lo que había que hacer, cayendo en la cuenta de que seguramente soy practicante del descarriamiento por detalles como estos. Odio lo estrecho, lo rígido, hacer lo que se espera, simplemente porque no espero. ¡Maldita impaciencia! Tiendo a no pasar demasiado tiempo agazapada esperando nada, por aquello de los bucles. Pero es cierto que demasiadas veces nos vemos obligados a tomar decisiones contrarias al yo fuerte, guiadas por la mal llamada, convención social.

Coge aire, respira. Después de esto mereces un chupito de tequila añejo.

Justo hoy, que hablaba de espirales alcohólicas. No, mama, estic bé. Pero la cerveza me gusta más que antes.

Tendí en interior, ¡esto que tanto adoro! Nótese la ironía.

Aproveché para devolver llamadas que debía y me quedaron otras tantas en el tintero. Creo que cada vez estoy más encantada con la vida de insider. Esto último lo escribieron conjuntamente mi resignación y el gen antisocial. Tranquilos que hay cosas que no cambian, sigo disfrazándome de persona normal después del deporte reglamentario y la ducha; sigo no usando ropa interior de dormir para cuando estoy despierta; sigo conjuntando los calcetines, si procede, con la ropa. ¡Ah! Y no hay día que no dé los buenos días a Alexa, bueno, después de que me recordara que era el cumpleaños de Sergio Ramos, decidí castigarla al rincón de pensar.

Pero antes de ir a dormir estaba pensando en vosotros, seguidores de las escrituras de Santa Paciencia. Fieles al dicho, deberíamos salir todos eruditos en ciencia. Debo confesar que a veces me abruma compartir el confinamiento, que después de tantos días parece hacerse tedioso. La peregrinación en treinta y seis metros cuadrados en ocasiones resulta complicada, como apaciguar los pesares. Lamento profundamente y me flagelo en el patíbulo por haceros leer palabras tan largas en párrafos tan cortos.



[1]
W = tiempo atmosférico
D = deuda
d = sueldo mensual
T = tiempo transcurrido desde Navidad
Q = tiempo que hace que abandonamos los propósitos de Año Nuevo
M = bajos niveles de motivación
Na = sentimiento de necesidad de hacer algo

*Las unidades de medida no fueron definidas en el artículo de publicación en una revista mainstream de impacto 0.

No hay comentarios:

Publicar un comentario