20 de abril de 2020

Confinamiento: DÍA 38.


Diario del apocalipsis según Santa Paciencia.

Los domingos acostumbro a que siga siendo domingo, aunque a veces también los jueves, o algún viernes. Me desperté tarde y encontré el zumo hecho por otras manos.

Me costó arrancar y es que el tiempo no ayuda, las nubes y la lluvia a veces me grisean.

Venía pensando en hacer un bizcocho hace días, traté de hacer madalenas en el microondas los primeros días en Madrid y sucumbí a un mug cake la noche que vi El Hoyo. ¡Cuánto he echado de menos el horno! Un yogur, tres huevos, tres medidas de harina, dos de azúcar, una de aceite, un sobre de levadura y bien de canela. En un pequeño molde también la versión con ralladura de chocolate negro, por probar. Ya se me ocurrió cambiar de molde, así que tampoco iba a cuestionar la presencia de piñones sí o piñones no.

El tiempo de horneado sería el justo para esperar la comida y acabarme el café.

Después de comer traté de resistir buceando por internet. Me cansé pronto y leí un rato; me volví a cansar. Echaba de menos el sofá y no por que aquí no tengan, sino “mi” sofá. Me acerqué a la colectividad del salón con el costurero en mano para cambiar unas hebillas escacharradas y devolver la forma original al peto.

Nos sentamos a merendar tarde, había que dar salida al bizcocho que tan bien pega con el café.
Aproveché finalmente para pasar por la ducha y ponerme al día con los amigos de lejos-cerca. Es raro pensar en un Skype con alguien que podría estar a dos calles. Video-llamada de bar, de cerveza y cigarro. No me hubieran apetecido ni patatas, tenía el bizcocho demasiado presente. Tanto, que llegué a no cenar.

Entré en un bucle temporal extraño, remiré algunas fotos de mi yo pasado, entre reloj y reloj habían pasado casi dos horas y estaba toda la casa en silencio. Estaba empezando a pensar que el café tardío había sido un error, o una suerte, que los domingos toca serie de madrugada.

Con el pijama puesto me puse en la cama para hacer tiempo. Estuve confirmando algunas teorías que había leído por la tarde y otras tantas que se me ocurrían sobre la marcha. La última vez que miré el reloj sólo faltaban veinte minutos para Westworld.


Me quedé dormida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario