26 de abril de 2020

Confinamiento: Día 44.


Diario del apocalipsis según Santa Paciencia. 3,2%

Siento que las semanas pasan muy deprisa. Vuelve a ser sábado en el calendario y me estoy haciendo sensible a los ruidos porque me desperté bastante antes de que sonara el despertador.

Con la vuelta de los arándanos era inevitable no pensar en los smoothies otra vez. Tomé el café en la terraza para medir la temperatura y confirmar que el sol seguía en su sitio. Antes de caer en la desidia y avaricia solar, invité a Patry Jordán al salón de casa y la insulté a la misma velocidad que ella cuenta los segundos. Tampoco quería dedicarle mucho tiempo así que probé un par de HIITs y me quise morir. Luego me premié con una Damm Lemon al sol, algo así como el aperitivo de los campeones.

Pensé en ESE día, en el que pudiera tomar una cerveza con sabor a sal y las olas rompiendo cerca. 


Al entrar, pedí permiso a madre para adentrarme en su templo culinario y contribuir en la comida: pastel de berenjena, patata y pisto. Fue grata la sorpresa de que las verduras tuvieran tanto éxito. De postre, fresas.

Aproveché para escribir y con el segundo café en la mano empecé a cabecear. El cuerpo me pedía siesta, y quién era yo para impedírsela. Descubrí una edición especial de RENT de 2019 emitida en FOX, y antes de llegar a Maureen, ya me había dormido. No puse despertador y me desperté cuando casi había acabado.

Luego estuve entre bambalinas mientras padres hacían su vídeo llamada de amigos y aproveché el tiempo para esto que llaman “cuidado personal” de cremas y mierdas. Siempre me planteo cuando es el momento de empezar con las antiarrugas.

Cenar pizza en fin de semana me recordó que algún día Madrid existió y me quedaron muchos planes pendientes. Volverán, sin duda. Aunque este año tampoco haya San Isidro, ni San Cayetano, ni Paloma.

Hoy justo hubieran empezado las fiestas de Figueres. “Xupinassu” en el Cafetó y primer día de Barraques. ¡Qué recuerdos! Cuántos conciertos vividos y no-vistos y cuántas madrugadas inexplicables. Padre, para sobrellevarlo mejor, plantó la bandera de la ciudad en la barandilla, porque dice que estamos en fiestas confinadas.



Por la noche, una cerveza que se fue de las manos, solo una, lo prometo. Pero siempre está el que lía y el que se deja liar, un Batman y un Robin. Y ya con el pijama me vinieron muchas ganas de gofre de feria con helado de fresa, el de pistacho nunca me gustó. De fondo creí oír la música de las fiestas.



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